Kosen rufu comienza en familia

Pienso que la mujer que da la vida y contribuye a su desarrollo, cumpla con la misión más noble que existe en el mundo.

El foco domestico es la piedra angular de la existencia del hombre, el oasis de paz en su corazón. Goethe ha dicho: “el hombre más feliz es aquel que encuentra paz en su familia”. Esta verdad es inmutable y quedará eternamente igual, en cualquier sociedad o época. La sociedad es una gran familia: si no reina la paz en el interior de la familia, no puede haber paz en la sociedad.

Las familias son células que juntas constituyen la sociedad. Esta similitud despierta una cierta inquietud, porque hay que entender que lo que aparece en el microcosmo familiar no es más que una imagen reducida de los desordenes que se manifiestan de modo más amplio en la sociedad.
La paz de una familia es un valor inestimado, ni siquiera una tonelada de oro puede igualarla. Si los gobernantes de una nación no dan el ejemplo estableciendo la armonía en la familia, no merecen ser calificados como tales.

Hay que librarse de la idea de que solo el marido trabaje para satisfacer las necesidades de la familia, y entender que todos participan igualmente en esta tarea, cada uno en su propio campo. Así, los niños que van a la escuela cumplen una labor importante: preparan el futuro de la sociedad. Padres e hijos, cada componente de la familia, ofrecen su propia contribución a la vida común. Educar a los niños no significa obligarlos a hacer algo o reprocharlos continuamente. Crear la verdadera sociedad democrática, hacia la cual estamos dirigiendo todas nuestras esperanzas no significa ponerse como meta un inaccesible ideal o tomar como punto de partida teorías muy difíciles. Pienso, por lo contrario, que esta maravillosa sociedad pueda ser construida, simplemente, día a día, en la vida familiar.

Salvar a los hombres de la infelicidad y preocuparse del futuro de la sociedad, son sentimientos naturales que cada ser humano posee en el fondo de su corazón. Un “verdadero hombre de nuestra época” es aquel que siempre esta animado por estos sentimientos.

El egoísmo en cambio es una herida hacia los demás y a si mismo, que se refleja despiadadamente y continuamente en la sociedad, dejando solo miseria e infelicidad.

Si se tiene una concepción realista de la vida y del mundo, si se conduce una vida ejemplar, si nos esforzamos por guiar a los demás, entonces la prosperidad, la paz mundial y la felicidad de todos serán posibles. Es mi deseo que las mujeres, liberadas de sus pesadas y repetitivas tareas, se vuelvan más felices y atractivas y contribuyan al desarrollo de la sociedad, haciéndose cargo de parte de la revolución social.

Las mujeres que ocupan un lugar importante en la sociedad ven aumentar sus responsabilidades, pero al mismo tiempo, también el peso de sus deberes. Por eso creo que el problema de la emancipación de la mujer no se ha resuelto aun. Una mujer que se siente en competencia con el hombre demuestra dar por sentada una discriminación entre los dos sexos.

Quisiera que no persiguieran objetivos inútiles, efímeros como la luz las luciérnagas. Quisiera que se levantaran solas y se volvieran mujeres modernas, capaces de amar profundamente, animadas por una fuerte fe y manteniendo su personalidad.

Hay mujeres débiles que continúan lloriqueando sobre sus míseros destinos, hay otras que se dejan aturdir por los excesos y que olvidan sus responsabilidades. No sean ni la una ni la otra. Sean mujeres modernas, cariñosas, felices y sabias.

La liberación de la mujer no es una conquista inminente, si miramos en profundidad. El problema es ulteriormente complicado por el hecho que no son los hombres los que tienen el monopolio de la opresión: también las mujeres ejercitan esa facultad. El carácter imperioso de la acción feminista por la liberación de la mujer reivindicaba para la mujer las mismas oportunidades que para el hombre.

A pesar de haber sido proclamada la liberación de la mujer, los derechos por ellas adquiridos no le permiten aun acceder a una posición social importante (a exclusión de algunas excepciones).

¿Por que el hombre rechaza enfrentar este problema hasta el fondo? De todos modos, tanto en América del Norte como en Europa donde la acción de liberación asumió notables dimensiones, estamos muy lejos de haber obtenido resultados excelentes. Existen notables diferencias entre nación y nación; si en un país no hay mano de obra, las mujeres trabajan tanto como los hombres; viceversa, en un país estabilizado y sin problemas económicos los empleos disponibles para las mujeres son raros. Es claro entonces que la igualdad real de los sexos depende enteramente de las circunstancias.

El desequilibrio entre el aumento del tiempo libre y la estructura de la sociedad se acentúa cada vez más; de hecho el sistema actual no permite gozar plenamente este aumento de libertad, y crea problemas complejos para el movimiento feminista y para otras acciones sociales. Una condición primordial para lograr un mundo más justo y pacifico es que las mujeres tengan un mayor poder en la dirección de un país. Estoy convencido entonces que ocurra abandonar completamente los prejuicios existentes con respecto a la incapacidad de las mujeres en la política, que prevalecen aun hoy tanto entre las mujeres como entre los hombres.

Es natural que confíen en una persona cargos y responsabilidades sociales correspondientes a sus cualidades. Naturalmente no debería existir ninguna diferencia de remuneración entre los dos sexos. En ciertas familias compuestas solo por la madre y los hijos, la mujer debe asumirse todas las responsabilidades. Es entonces indispensable una ley que garantice seguridad y protección a familias de este tipo. Por ende es absolutamente necesario “volver a pensar” y modificar también la disposición  actual en el trabajo de oficina de las jóvenes mujeres. El movimiento feminista no debe decaer como una moda efímera sino más bien evolucionar. Para construir la civilización moderna sobre sólidas bases, hay que utilizar las particulares características de ambos sexos. En eso se basa el punto de partida y la base correcta para cualquier reforma valida.

El trabajo, una sólida base

El hombre se manifiesta en uno de sus aspectos más dignos cuando se dedica con gran seriedad a la propia profesión. Eso vale también para la mujer, la cual trabajando se mantiene joven.

Según las ultimas estadísticas, cada año el número de mujeres profesionales va aumentando, y eso me alegra. Las razones son básicamente económicas. Para una joven que está para casarse podría ser la preocupación para ahorrar algo de dinero para comenzar su nueva vida; para una mujer casada la razón podría ser la de aumentar los ingresos. De hecho si examinamos a fondo esta nueva tendencia, descubriremos el verdadero problema: la insuficiencia de los sueldos concedidos a los jóvenes no les permites hacerse cargo completamente de una familia. La condición de vida de una mujer de nuestra época no esta exente de dificultades.

Por eso quisiera que tomaran conciencia de la importancia de poseer las bases para un trabajo o de tener algún conocimiento técnico, a pesar de que no lo necesiten inmediatamente: nunca se sabe que nos reserva el futuro. La tranquilidad familiar, que esta saboreando hoy, puede terminar bruscamente. Imagínense que su marido, que tanto aman, muera en un accidente de auto, o que su matrimonio se disuelva, termine el amor. ¿Cómo podrían sobrevivir, solas con sus hijos, en esta sociedad? Perdóneme este tono pesimista, pero lo que quiero subrayar es la necesidad de estar siempre listas para enfrentar las peores dificultades.

La infelicidad esta detrás de la esquina para muchas personas. Presionados por circunstancias imprevistas, nuestras preocupaciones serán menores y nos sentiremos más aliviados si estaremos equipados con un bagaje técnico que nos permitirá  conseguir un empleo o si hemos logrado ahorrar gracias a un trabajo realizado anteriormente.

Un conocimiento técnico adquirido nunca se olvida completamente. Queda almacenado en nuestra mente, listo para ser utilizado en cualquier momento de la vida y puede asegurarnos grandes resultados.

Algunas palabras a propósito de la actitud de la mujer en el trabajo. Dedicarse concienzudamente al propio trabajo es importante, así como mantener el sentido de las propias responsabilidades. Sin embargo esto no puede ir en contra de la feminidad. Una mujer aunque sea dotada de una indiscutible competencia profesional, indispone a las personas a su alrededor si le falta feminidad. Debe de saber que, con su deseo de “infundir respeto” llegara solo a desacreditarse a si misma. Deseo que sean modelo de eficiencia logrando mantenerse radiantes, sensibles, distinguidas, elegantes. Su presencia en el lugar de trabajo debe ser percibida como un soplo de aire pura y dulce.

Las mujeres vanidosas, antes que todo, se hacen daño a si mismas. Por lo contrario una mujer que posee clase y feminidad  es amada por todos, independientemente de la edad: todos están llenos de atenciones hacia ella.

El ser humano se realiza en le trabajo. Trabajar requiere de concentración y tensión; requiere perseverancia, moderación y voluntad, es un arma en contra del envejecimiento del cuerpo y del espíritu. El maquillaje no puede de por si solo garantizar la belleza del rostro: la intensidad de la vida interior en cambio  confiere un verdadero encanto. Es un error pensar que el trabajo tenga como  único fin el de la satisfacer los deseos mundanos. Jamás me congratularé lo suficiente con quienes consideran el trabajo como un instrumento para perfeccionar su propia personalidad.

En la sociedad reina una lucha sin par, tanto para los hombres como para las mujeres. Debemos estar a la altura de la situación. No existe un mundo más temible de aquel del trabajo, de echo no hay un lugar más propicio para “limpiar” nuestra vida.

También el trabajo, como el matrimonio, es una grande meta. Ambos son, en definitiva,  etapas en el camino que recorremos, juntos a muchos otros. Sin embargo el fin principal es uno solo: la realización perfecta de la persona. Para lograrlo debemos haber acumulado suficiente buena fortuna como para limpiar nuestro “yo”. Si miramos hacia este objetivo sin doblegarnos jamás, entonces todos nuestros esfuerzos serán coronados por innegables resultados.

Muchas mujeres trabajan y muchas de ellas sufren de ansiedad y tensión por la falta de tiempo. Esta presión sin embargo la  impulsa a realizar grandes cambios en su vida. Cuando estamos ocupados nuestra mente y nuestro cuerpo se adaptan al esfuerzo que estamos cumpliendo. Si estamos mucho más empeñados podemos vivir una vida doblemente satisfactoria. Si aumentamos de tres veces el valor de nuestra producción, tendremos una vida tres veces más satisfactoria. Sus roles de esposas, madres, nueras, trabajadoras, ciudadanas y personas de fe pueden hacer que sus días sean tan llenos como para que le de vuelta la cabeza. Pero si han decidido usar todo esto para mejorar y perfeccionarse a si mismas, estas actividades contribuirán a su crecimiento, y se transformaran en realización, meritos y beneficios y sus esposos y sus hijos estar orgullosos del trabajo que estarán llevando a cabo.

Una vez se me ha pedido: “¿Si fuera a asignarle un premio a su esposa par que se lo daría?” La pregunta era difícil. “Le daría un premio para su sonrisa”, contesté.
La mía ha sido una vida de pionero, dedicada a la abertura de nuevas fronteras, llenas de altos y bajos. Soy de débil constitución y nunca me hubiese imaginado de vivir tanto.

Toda se quejaba siempre con mi suegra porque temía que no habría superado los treinta años y ahora yo mismo no puedo creer de haber superado los sesenta. Esto es un triunfo de la fe y al mismo tiempo un tributo a todos ustedes, pero también es el triunfo de mi esposa, el fruto de sus esfuerzos por los cuales le estoy profundamente agradecido. Ella me ha apoyado siempre con una sonrisa, llenando cada día de mi vida con aquella deliciosa flor. Su sonrisa no solo es el resultado de la felicidad, si no que es también la causa. Cualquier cosa ocurra, superen valientemente sus debilidades y hagan una sonrisa gentil. En el jardín de un corazón tan rico y fuerte, florecerán las flores fragantes de la felicidad.

Espero que cuiden su trabajo y su vida privada. Por favor, protejan su familia y sean gentiles con aquellos que las rodean. Como hombre y como ciudadano honesto mi anhelo es que se vuelvan un modelo para las personas a su alrededor. Deseo de todo corazón  que conduzcan una vida cotidiana  justa, llevando a cabo una correcta practica de la fe.

La fe es un largo viaje hacia la felicidad eterna. Deben obtener la victoria en el escenario de la vida, sobre su karma y sobre las olas tempestuosas de la sociedad y vivir siempre al cien por ciento. Aquel que cree y practica el verdadero Budismo, jamás será un perdedor. Es la fe en el Gohonzon que hará todo eso posible: les permitirá seguir el sendero más seguro hacia la felicidad eterna.

Ruego a las divinidades de cielo
Que las protejan,
Mientras luchan en esta tierra
Para construir la felicidad
Eterna.

¿No es misterioso?
La Misión que realizaran
Como marido y mujer
Quedará para siempre en esta tierra,
Iluminando el mundo.

 

El rol de la mujer en la organización

El capitulo Yakuo (XXIII) del Sutra del Loto dice: “Una persona que propaga este Sutra será superior a todos los seres humanos”. Ósea que si la persona que propaga este Sutra es un hombre, a pesar de que pueda estar solo o ser  pobre, es superior a Bonten (Señor del Triple Mundo), Taishaku, A los Cuatro Reyes Celestiales, A los Reyes que giran la rueda y superior a los soberanos de la China y del Japón. Es superior también a los nobles y a los ministros del Japón, a los Samurai Genji y a los Clanes Heike: en definitiva es superior a cualquiera.

Si esta persona es una mujer, será superior a Cosita (la reina de Taishaku), Kichijoten ( de la cual se cuenta que tenia una graciosa figura y concedía virtudes y beneficios), a Lady-Li de la China, a Yang Kuei-fei y a todas las mujeres del mundo.
Gosho Zenshu p.1378

El 10 de Junio de 1951, cincuenta y dos representantes de la División de Damas se reunieron con el segundo presidente de la Soka Gakkai, Josei Toda, por la primera conferencia de la División en la sede central de la Soka Gakkai. Con este encuentro se inauguró la División de Damas, marcando el primer paso hacia el Kosen Rufu de un grupo de personas inigualables. En 1976, veinticincos años después, propuse que el 10 de Junio se volviera el día de la División de Damas y desde entonces esta fecha ha sido conmemorada. Hice esta proposición porque creo que las primeras iniciativas del presidente Toda deban ser recordadas. Una vez dijo a las integrantes del grupo de la División Damas: “No deberían volcarse en las actividades con tanto entusiasmo como para abandonar sus responsabilidades cotidianas. A veces deben valuar en cual dirección sea mas necesario progresar, de manera tal que sus acciones obtengan en futuro la aprobación de muchas personas”.

La de damas ha sido la primera división formada por Josei Toda. Un mes después nació la División de Jóvenes y solo después de quince años la División de Caballeros. Auque en aquel entonces muchos responsables no entendían la razón, Toda organizó cada división en armonía con el ritmo de kosen rufu. En el momento de la inauguración de la división Josei Toda compuso este verso poético: “Esta es una reunión donde se respira la fragancia de las azucenas blancas, porque ustedes son amigas de corazón puro”. En esta ocasión el presidente  dijo también: “Deseo que sean conscientes de que, habiendo abrazado la Ley mística, se han convertido en las mujeres mas dignas de respeto en el  mundo” Toda deseaba con todo su ser que esta División fuera “un grupo de amigas de corazón puro”  y de “mujeres entre las mas respetables del mundo”. 
Las mujeres más bellas son  aquellas con el corazón puro. Aquellos que, para realizar Kosen Rufu, luchan para la felicidad de otros son entre las personas más nobles y dignas de elogio. El 50? aniversario de la fundación de la División de Damas será el 10 de Junio del 2001. Con esta fecha como su próximo objetivo, continúen avanzando juntas de manera tal que puedan lograr una plena realización y tener buena fortuna.

Detrás de la grandeza de Nichimoku Shonin, que aseguró el eterno flujo del verdadero Budismo, se encuentra la gran  fe de su madre. De hecho no es nada exagerado decir que la fe de las madres ha tenido y seguirá teniendo un rol primordial  en la lucha para la realización de Kosen Rufu. Así como la Soka Gakkai continua consolidando las bases para la propagación de este Budismo, también nosotros deberíamos valorar cada vez más los miembros de la División Damas, justamente definidas “las madres de kosen rufu”. Ya que las mujeres son siempre mas activas en la sociedad, es necesario ampliar la esfera de las actividades en las cuales los miembros de la División Hombres y Damas puedan colaborar en unidad. Los responsables deben asegurarse de que todos los miembros puedan progresar en la fe con satisfacción y sin temores.

La madre de Nichimoku Shonin, Ren’ani, era hermana mayor de Nanjo Tokimitsu. Según el árbol genealógico de la familia, Nanjo Tokimitsu tenia ocho hermanos, cuatro varones y cuatro hembras. Ren’ani era la mayor de las hembras y se casó con Niida Goro Shigetsuna, señor feudal del distrito Niida, en la provincia de Izu. La fe de Ren’ani y de los demás miembros de la familia Niida fue puesta a dura prueba en ocasión de la ceremonia de conmemoración de Myoho-ama (suegra de Ren’ani y abuela de Nichimoku Shonin).

Cuando Ren’ani y sus hijos quisieron tener la ceremonia según los rituales Budistas de Nichiren Daishonin y los demás parientes que pertenecían a otras sectas se opusieron. El hijo de Ren‘ani, Yoritsuna, era el heredero directo y como tal, según la costumbre de la época, el legitimo responsable de la ceremonia conmemorativa.  Nadie, entonces, debería haberse opuesto a sus deseos. Sin embargo el hijo de Myoho-Ama, el monje Doi, y otros parientes cercanos pidieron que el servicio conmemorativo se llevara a cabo según el rito de la tradición Nembutsu y amenazaron a la familia Niida diciendo que jamás habrían permitido que el patrimonio familiar fuera heredado por personas que demostraban ingratitud y desprecio ante sus antepasados y que  rechazaba la religión Nembutsu. Probablemente después de la muerte del marido, Ren’ani, del todo indefensa, fue muchas veces insultada y despreciada.

Parece que este particular evento ocurrió poco tiempo después de la muerte del Daishonin; Ren’ani y sus hijos sin embargo siguieron siempre a Nikko Shonin y sus discípulos. En una carta a Nichimoku Shonin, Nikko Shonin escribió: “Si llevan a cabo la ceremonia conmemorativa según los rituales del Sutra del Loto, podrán hacer reflexionar a sus parientes sobre su apego a las enseñanzas de la Pura Tierra y a lo mejor despertar en ellos la fe en el verdadero Budismo. Esta es verdaderamente una ocasión de la cual  alegrarse”.

Si su fe en el verdadero Budismo y sus acciones no se verán afectadas por las críticas, su confianza impresionará profundamente a las personas que le han obstaculizado y podrán ayudarlas a crear una relación con el verdadero Budismo. Mas grande es la calumnia que nos dirigen, mayor será el número de personas que, impresionadas por nuestra convicción, tomaran fe en esta práctica. La imagen de Ren’ani, que prosigue valientemente mas allá de las maldades y de los obstáculos a lo largo del sendero del verdadero Budismo, me recuerda a las miembros de la división de damas de Kansai, que avanzaron valientemente logrando superar circunstancias difíciles y dolorosas. Esto vale también para todas las madres de kosen rufu en el mundo, que siguen sus ejemplos.

Por lo general, la vida de las miembros de la División Damas no parece ser particularmente excitante por estar hechas por acciones simples y concretas que se basan en lo cotidiano sin embargo es justamente debido a esto  que las mujeres poseen una sólida estructura, son equilibradas y tienen los pies en la tierra. Las miembros de la División Damas son fuertes. Seguramente, la batalla que Ren’ani sostuvo por la Ley mística no habrá sido muy espectacular. No hay duda sin embargo de que su vida fue sublime y llena de recompensas y el esplendoroso crecimiento de sus hijos es prueba de esto.

Una fuerza especial

Durante un mitin de responsables de la División Damas, el presidente Toda una vez dijo: “Las mujeres deberían ser alegres. Si sus vidas son puras, también sus risas serán llenas de alegrías. No deben tener una voluntad débil o dejarse atropellar por los hombres. Lo que es importante es desafiarse”. Como dice Toda, deberían siempre tratar de purificar sus vidas. Aquel que es impuro se vuelve sospechoso y arrogante. Una tal persona no puede profundizar la fe  desarrollar su carácter y, como he dicho muchas veces,  el carácter de una mujer tiene una gran influencia sobre la vida del marido y de los hijos. He observado numerosas familias, puedo afirmar con certeza que la fe de la mujer influencia profundamente la del marido. Si la mujer es arrogante, egoísta y llena de presunciones, la fe del marido se verá afectada.

Las mujeres deberían absolutamente evitar comportarse de esta manera. Mi deseo sincero es que se vuelvan mujeres que no sucumban jamás frente a ninguna dificultad. No deben rendirse frente al “muro” de su karma, ni tener una vida llena de remordimientos. El presidente Toda trató de infundir en los corazones de las jóvenes mujeres un espíritu fuerte, que no ceda a sus propias debilidades. Ruego con fuerza para que se transformen en las mujeres más alegres y valientes del mundo. Para que avancen victoriosamente viviendo al cien por ciento. Espero que se vuelvan “reinas de la fe y de la vida cotidiana” para no rendirse jamás cualquier cosa ocurra: esta es la actitud que deberíamos tener como discípulos de esta fe.

Sennichi-ama era una discípula de Nichiren Daishonin y vivía en la isla de Sado. Un día le pidió al Daishonin una orientación sobre la gravedad de la ofensa a la Ley. Supongo que entre los secuaces del Daishonin conocidos por Sennichi-ama en la isla de Sado, había alguno que, por no creer de todo corazón a las enseñanzas de Nichiren Daishonin, ofendía la Ley. Sennichi-ama deseaba salvar a aquellas personas alejándolas de las enseñanzas equivocadas para conducirlas hacia la Budeidad. Dice el Gosho inscrito por Nichiren Daishonin en respuesta a Sennichi-ama: “En su corazón el (Ichinosawa Nyudo) es un discípulo de Nichiren pero exteriormente pertenece todavía a la secta Nembutsu. Estoy verdaderamente preocupado por su próxima existencia”.

Ichinosawa Nyudo era un hombre muy poderoso en la isla de Sado y parece que había quedado conmovido por el comportamiento de Nichiren Daishonin durante su permanencia en la isla. Aunque seguía en su corazón a Nichiren Daishonin, Ichinosawa no logró romper del todo las relaciones con la secta Nembutsu para  así poder convertirse a sus enseñanzas, ya que temía a la opinión pública. Sennichi-ama reportó la orientación de Nichiren a Ichinosawa para que el pudiera entender la importancia de una practica correcta. Nichiren Daishonin entendió los sentimientos de Sennichi-ama y  escribió una larga carta a la esposa de Ichinosawa Nyudo, exhortándola a apoyar a  su esposo en la fe, además animó a la misma Sennichi-ama para que  apoyara a la esposa de Ichinosawa Nyudo con todo su corazón. Otros creyentes probablemente lo lograron alejarse de las prácticas provisionales. Sennichi-ama sentía el deseo de ayudarlos para evitar que cayeran en el infierno del incesante sufrimiento por causa de las ofensas a la Ley: sus sinceros esfuerzos para propagar el verdadero Budismo en Sado nacían del cariño que le tenía a los demás. El rol de Sennichi-ama brilló aun más después de la muerte de su esposo, Abutsu-bo. El Daishonin le dio una orientación detallada con la esperanza de que comunicara el mensaje a los discípulos de Sado. Un párrafo del Gosho dice: “Estoy feliz por saber que te has preocupado por Yamabushi-bo cuidándolo”.

Esta frase demuestra claramente en que medida Nichiren Daishonin apreciaba la devoción de Sennichi-ama como madre del kosen rufu y de la propia comunidad: sin hacerse notar y con gran constancia Sennichi-ama animó a sus compañeros de fe y a aquellos que sufrían. Había otra mujer también en Sado que seguía a Sennichi-ama en sus esfuerzos: se llamaba Ko-ama. Abustu-bo y Ko nyudo, marido de Ko-ama, fueron a Minobu para ver a Nichiren Daishonin. La época de la cosecha se acercaba y Ko nyudo no tenia un hijo que lo pudiese ayudar. A pesar de eso  tuvo que devolverse a Sado antes de poder llegar a Minobu. Nichiren Daishonin cita este hecho en una de sus cartas. El Daishonin mantuvo contacto amistoso con las dos parejas de ancianos. Dijo, al comienzo de una carta escrita a Ko-ama: <<ya que ustedes dos (Ko-ama y Sennichi-ama) tienen la misma mente, háganse leer esta carta por alguien y escúchenla juntas>>.

Una mujer anciana que ha perdido su marido podrá ser mas feliz en la fase final de su vida si tiene una amiga con la cual hablar con sinceridad de todo. Las palabras del Daishonin “ya que ustedes tienen la misma mente” indican que Ko-ama y Sennichi-ama, que vivían por el kosen rufu, habían mantenido una bella amistad. En esta frase de Gosho podemos notar como el Daishonin tenia una gran consideración para las dos mujeres y buscaba reforzar su relación espiritual para que ambas pudieran avanzar juntas.

Comprender la sociedad

Una persona de tendencia buena y gentil es llevada a creer que los demás también lo son. En general se tiende a proyectar el propio reflejo sobre el mundo exterior. En nuestra organización existen muchas personas animadas por bondad y buenas intenciones: algunos pueden ser hasta demasiado buenos y confianzudos y yo temo que sean engañados por personas deshonestas.

En Le Pére Goriot Balsac escribe: “Cualquier maldad que escuchen contar sobre la sociedad, créanla”, tanto así, estaba impregnado de  malignidad el mundo que el percibía. Y sigue: “entonces descubrirán lo que es el mundo: un cúmulo de crédulos y canallas. No sean ni lo uno y lo otro”.

Mientras conducimos una vida correcta y llena de significado, debemos al mismo tiempo vencer sobre las duras realidades de la sociedad. Esta es la meta de nuestra fe, debemos volvernos fuertes y sabios. Además, en nuestra organización, debemos decir claramente lo que pensamos. El fin del Budismo no es el de formar credulotes que siguen ciegamente a sus responsables, sino permitir el crecimiento de personas sabias, capaces de reconocer, en el limpio espejo del Gojonzon, lo que es justo o equivocado. Espero que ustedes, miembros de la División de Damas, aprendan la manera correcta de practicar el Budismo y, en  caso de que un responsable o un hombre actué sin sentido común, sepan reconocer sus errores e indicarles el justo camino a seguir. Nichiren Daishonin compara el hombre a una flecha y la mujer al arco: la dirección hacia la cual vuela la flecha la determina el arco. Las miembros de la División de Damas que se dedican con alegría a las actividades representan una fuerte  y segura guía para la división de caballeros y permiten nacer a un “nuevo amanecer” en nuestra organización.

Como efecto de las tres tendencias que caracterizan los cambios en nuestra sociedad: el crecimiento del pragmatismo, el desarrollo de la reforma democrática por parte de las masas y el crecimiento de la importancia del rol femenino, las mujeres recientemente han logrado entrar en varios campos tradicionalmente reservados a los hombres. También en el mundo de kosen rufu el respeto de las opiniones de la mujer y el reconocimiento de su contribución se volverán cada vez más importantes. Con este fin, quisiera evidenciar algunos puntos que algunas representantes de la División de Damas han pedido poner a la atención de los responsables de la División de Caballeros. El sentido del humor es una cosa buena, sin embargo la burla debe ser evitada. Las afirmaciones deben ser correctas y seguir una clara línea de pensamiento. Las exageraciones y excesos deben ser evitados. Cuando se desarrolla un discurso hay que ser amables, seguros de si mismo y llenos de calidez. No se debería hablar en voz alta, y se debería hablar con sinceridad. Más que contar historias romanzadas, hablen de hechos ligados a la realidad y que suministren una explicación detallada de la enseñanza de Nichiren Daishonin. Los discursos no deben ser largos sino más bien concretos, convincentes, solemnes y que toquen el corazón de los que escuchan. Cada uno de estos puntos es importante, espero que los responsables los recuerden siempre.

Un esfuerzo constante

En una carta dirigida a Shijo Kingo (que en aquella época enfrentaba fuertes oposiciones por parte del gobierno), Nichiren Daishonin escribió: “No debes salir solo en la noche por ninguna razón” (Gosho Zenshu p. 1775). No se relajen nunca pensando de estar protegidas en cualquier caso, solo por tener fe en el Gojonzon y entonar Daimoku: la vida no es tan sencilla. Su fe budista se manifiesta en el esfuerzo que aplican constantemente en las varias circunstancias. Esta frase de Gosho hoy en día significa que cuando se quedan afuera de su casa en la noche, deben ser muy prudentes. Particularmente los miembros de la División Damas y Jóvenes Damas no deberían tardarse en las reuniones. Los responsables deben asegurarse de que los miembros de estas dos divisiones regresen a su casa a tiempo, en caso contrario, deberían avisar sus familiares.

Mujeres, ustedes son las pioneras en el prospero campo del kosen rufu. Ya que hemos abrazado la Ley mística, si titubeáramos o si buscáramos solo la fama y la riqueza en contra de nuestra determinación originaria, permitiríamos a los demás de ofender la Ley y eso seria una gran deshonra. Nichiren Daishonin se refiere a  la perseverancia como a la tierra de la luz eternamente tranquila. Esta tierra puede ser buscada mas allá de este mundo, pero en realidad se encuentra solo en la practica de la fe desarrollada con perseverancia, cualquiera que sea el obstáculo que vayamos a enfrentar, con el fin de propagar las enseñanzas correctas y el espíritu del Budismo. En Daishonin nos enseña que esta tierra existe ya en la determinación que nos vuelve personas capaces de luchar en contra de las dificultades.

Con respecto a la perseverancia, deseo alabar particularmente a las encargadas de la División Damas, porque se asumen muchas ocupaciones cada día: se ocupan de la educación de los hijos, cuidan de sus maridos y su día es muy a menudo una sucesión de problemas.
A pesar de eso, protegen a los miembros de la organización, animándolos con cariño. Lo que se le pide es entonces, “continuar” como indica justamente “el mundo de la perseverancia”.

La División de Damas es la fuerza motora de las actividades para el kosen rufu. Nichiren Daishonin (el Buda original) debe apreciar muchísimo su contribución y debe estar halagándolas! El Daishonin dijo “no deberían existir discriminaciones entre aquellos que propagan los cinco caracteres de Nam Miojo Rengue Kio, sean ellos hombres o mujeres”. Sin duda, ustedes que están trabajando, y dedicando sus esfuerzos para el kosen rufu, recibirán los más grandes beneficios y la protección de todos los Budas y de las divinidades budistas. Los objetivos de la División de Damas de Okinawa son tres: continuar cultivando el estudio como medio para desarrollar nuevas capacidades y para las actividades del kosen rufu; unificar los esfuerzos para mejorar y reforzar la primera línea de nuestra organización; crear familias felices y armoniosas criando la generación que heredará la misión del kosen rufu.

Pienso que estas metas son muy importantes y, para que puedan recordarlo con más facilidad, quisiera sugerirle estos tres lemas esenciales: acrecentar inteligencia y sabiduría; que cada miembro se vuelva una persona de valor realizando su propia felicidad; hagan lo posible para que toda la familia comparta la misma misión.
Espero que hagan grandes progresos hacia la realización de estas metas.

Cada individuo es único por eso nuestra misión para el kosen rufu mira a orientar a todas las personas hacia la iluminación, independientemente de la diferencia de su índole y de sus caracteres, es una tarea verdaderamente difícil. A lo largo del camino podríamos encontrarnos retrocediendo inesperadamente o confrontarnos con problemas impredecibles. Sin embargo ninguna gran meta podrá ser lograda sin haber experimentado sufrimientos y grandes obstáculos. Todo lo que tenemos que hacer es continuar avanzando sin miedo o ansias, comprendiendo profundamente el significado de cada obstáculo: en este sentido las mujeres se muestran más estables que los hombres al enfrentar las preocupaciones cotidianas, y tienden a poseer una fuerza interior más grande. En el Gosho Zenshu (p.1188) Nichiren Daishonin escribió a la esposa de Shijo Kingo: “el Japón puede ser definido el país de las mujeres” esta frase se refiere al hecho de que Amaterasu-omikami, diosa del sol, es la divinidad principal de la mitología japonesa y la progenitora de la dinastía imperial. A mi parecer significa que en la sociedad o en la familia las mujeres, a la par del sol, son una presencia inestimable. Sobre todo en la Soka Gakkai es importante apreciar y respetar sinceramente a todos los miembros de la división damas por sus esfuerzos incansables.

Kosen rufu necesita de muchos tipos de mujeres: algunas pueden luchar como Sinnichi-ama que siguió personalmente a Nichiren Daishonin, otras son más parecidas a la mujer de Shijo Kingo que apoyó a su esposo durante las persecuciones de aquellos tiempos, esforzándose silenciosamente. Otras aun  comparten la misión de la viuda Nichigen-ama, que dedicó toda su vida al Budismo.

Desarrolla plenamente tus capacidades como responsable en las circunstancias actuales. Aquellas que abrazan el Gohonzon son las bases del kosen rufu, no importa el rol que representa. Si tu abrazas el Gohonzon obtendrás beneficios cualquiera sea tu posición, no te subestimes solo porque no eres una responsable. Algunas personas son mas aptas a ser activas como responsables de grupo o de distrito, mientras otras pueden utilizar su propio talento como responsables mayores, en la guía de los miembros. Hay que considerar a las personas individualmente; por ejemplo, puede pasar de tener que decidir seriamente si promover una responsable de distrito o de cabildo o si seria mejor que continué en las actividades en su actual posición. Es justo nombrar a algunos responsables por su empeño en el shakubuku o por su espíritu brillante, pero hay otros aspectos que deben ser considerados. Josei Toda, dio sus dimisiones de director general para volverse un miembro ordinario, sin embargo continuó siendo una persona de valor. Deben hacerse querer y ganar confianza, más allá de su rol.
Si se vuelven presumidas solo porque son nombradas responsables, los miembros gradualmente las superaran. Para una responsable de la División Damas, lo ideal es ser querida y ganar la confianza de las miembros, porque las miembros de la Soka Gakkai son todas Budas y Bodisattvas del universo.

Una mujer no debería jamás sentir odio hacia los demás, envidiar su felicidad o frenar su crecimiento: esta actitud es contraria a la fe y a la larga la destruirá. Vivan plenamente hasta el final, cualquier cosa ocurra. En cada momento crucial también las mujeres deben tener el coraje de proteger el Gohonzon y la Soka Gakkai sin retroceder un solo paso.

Una mujer debería ser siempre joven. Es su problema si no lo están. Es una derrota sufrir visiblemente, si peleas con tu marido, si te preocupas demasiado por tus hijos o por otros problemas de la vida cotidiana. La división de damas de la Soka Gakkai es un conjunto de personas sensibles, confiadas jóvenes que en cada gesto o palabra expresan convicción. Esta división, sin comparaciones en el mundo, está realizando la verdadera liberación de la mujer: ninguna otra organización femenina puede superar la nuestra.

El sentido de tener un objetivo en la vida
 
Logramos nuestro objetivo en la vida al hacer todo lo posible allí donde estamos en este mismo momento, al pensar en lo que podemos hacer para mejorar las vidas de los que nos rodean.

Todos se preguntan por lo menos una vez en su vida porque nacieron en este mundo. Creo que no existe mayor felicidad que la de poseer un profundo sentido de tener un objetivo en la vida, saber en lo mas profundo de nuestro ser para que nacimos.

Un empresario exitoso observo una vez que incluso entre las personas más ricas del mundo, aquellas que carecen de un verdadero sentido de tener un objetivo en la vida a menudo pasan sus últimos anos solas. A veces, después de haber amasado una gran fortuna y logrado sus ambiciones mundanas, descubren que les queda una sensación de futilidad e insensatez.

Por otra parte, las personas que se llenan cada día con una gratificante sensación de regocijo y el sentido de tener un objetivo en la vida, un sentido de los logros alcanzados y una sensación de profunda satisfacción, son felices. Incluso si están muy ocupados, aquellos que tienen esta sensación de satisfacción son mucho más felices que los que disfrutan de una gran tranquilidad y comodidad pero que se sienten vacíos.

Un claro sentido de tener un objetivo en la vida conduce al coraje y la sabiduría. Les permite ver mas allá de la victoria o derrota del momento y ver las cosas en su debida perspectiva. Puede llenar cada instante de la vida con alegría, incluso en medio de circunstancias muy difíciles.

Cualquiera que sea su ocupación, madre, empleado de una empresa, pescador o agricultor, creo que cada persona tiene su propio camino en la vida, una misión única que solo ella puede cumplir.

El descubrimiento de este objetivo en la vida o esta misión es una tarea de toda la vida. No es algo que alguien nos puede decir o que descubrimos repentinamente. Ustedes, ustedes mismos, deben encontrar las razones para vivir, la contribución única que ustedes y solo ustedes pueden hacer.

El budismo usa el ejemplo de los árboles frutales, el cerezo, el ciruelo, el peral, etc., para explicar como cada persona tiene una misión única en la vida. Un cerezo logra su objetivo al florecer y dar fruto como cerezo. Nunca trata de ser otra cosa que el mismo. Nunca imita las flores de otros árboles o pierde tiempo envidiándolos. Antes bien, soporta pacientemente las heladas y nieves del invierno, obteniendo energía de la tierra misma, hundiendo sus raíces más profundamente en ella. Luego, con la llegada de la primavera, en un estallido libera toda la fuerza vital que había estado almacenando, echando incontables capullos.

Todos tienen un don de algún tipo. Ser talentoso no significa solo ser un buen músico, escritor o atleta. Hay muchos tipos de talento. Puede que sean grandes conversadores o hagan amigos fácilmente o sepan hacer que los demás se sientan cómodos. O puede que tengan un don para cuidar a los demás, contar chistes, vender cosas o vivir frugalmente. Puede que sean puntuales, pacientes, confiables, gentiles u optimistas. O puede que les encante enfrentar nuevos retos o comprometerse profundamente a ayudar a los demás o que tengan una habilidad que los haga felices. Sin duda, ustedes poseen su joya especial, su propio talento único.

De la misma manera, cada uno de nosotros tiene una misión que solo nosotros podemos cumplir. Esa misión no la encontraremos en algún lugar lejano o al hacer algo especial o extraordinario. Incluso aquellas personas que parecen haber vivido grandes vidas en realidad solo han hecho lo que sentían que tenían que hacer para ser verdaderamente fieles a si mismas.

Logramos nuestro objetivo en la vida al hacer todo lo posible allí donde estamos en este mismo momento, al pensar en lo que podemos hacer para mejorar las vidas de los que nos rodean.

A menudo pienso en la vida de Rosa Parks, una mujer común de color que volvía a su casa en autobús una tarde de diciembre de 1955, después de un duro día de trabajo en el departamento de corte y confección de una tienda por departamentos. Aunque el conductor del autobús le ordeno que le cediera su asiento a un pasajero blanco, como lo exigían las leyes discriminatorias de la época, se negó a ello. Su única palabra, “No”, el coraje de esta mujer común, cambio la historia, y su día común asumió un significado eterno. Rosa Parks fue arrestada  por su resistencia y esto produjo una explosión de justa ira entre la población de color, mayormente debido a la estimación que se le tenia, ya que en su comunidad era respetaba como una mujer alegre, calida e inteligente. Se organizo un boicot de la línea de autobuses y antes de transcurrido un ano las líneas segregadas de autobuses fueron declaradas ilegales en los Estados Unidos.

Cuando me reuní por primera vez con Rosa Parks me impresiono su calida personalidad. Era humilde y, sin embargo, podía ver que era una persona de convicción inconmovible. Con más de ochenta anos, Rosa Parks sigue siendo una campeona incansable de los derechos civiles, que trabaja especialmente para compartir la esperanza y una visión del futuro con los jóvenes que tanto ama. Mediante su sentido de convicción, este individuo solitario se convirtió en un líder que transformo el mundo. Un momento de valentía abrió el camino a su misión en la vida.

Ustedes no pueden descubrir y lograr su objetivo en la vida con esfuerzos carentes de entusiasmo. Para hacer realidad sus sueños y cumplir con su misión se requiere verdadero coraje. No el coraje de los héroes de los campos de batalla, sino un coraje mucho más cercano al hogar. Antes de ser derrotados por un problema, la mayoría de nosotros somos derrotados primero por nosotros mismos. Antes de vacilar ante un obstáculo, una persona pobre de espíritu o cobarde se encogerá ante su propia sombra, atemorizada por su propia imaginación, y será finalmente derrotada por el cobarde que se encuentra en su propio corazón.

Las personas valerosas son en primer lugar maestras de su propio corazón. Creo firmemente que el coraje es la clave que abre la puerta hacia la felicidad.

¿Que necesitan para crear valor y hacer una contribución al mundo? Necesitan desarrollar su carácter hasta que brille. Las fortalezas fundamentales de la vida no son una lengua hábil o la riqueza, ni la fama o el poder. La verdadera “arma” o “herramienta” para vivir una vida exitosa es lo que queda cuando se han quitado todos los artificios vacíos, la calidad de su carácter como individuo. Y los pequeños y continuos esfuerzos para desarrollar su carácter son los que los conducirán finalmente a la mayor felicidad.

Ustedes no encontraran su misión quedándose parados. La manera de encontrarla es retándose a ustedes mismos a lograr algo, casi diría que no importa que. Luego, al hacer esfuerzos consistentes, la dirección que deben seguir se abrirá ante ustedes de manera muy natural, al igual que amplios y nuevos horizontes se abren ante alguien que sube caminando a una colina. Poco a poco llegaran a comprender su misión. Por esto es tan importante tener el coraje de preguntarse a ustedes mismos que es lo que realmente deberían estar haciendo ahora, en este mismo momento.

Es igualmente importante que se propongan objetivos elevados. Mientras mayores sean las tareas que opten por asumir, paso a paso, más gratificadora y feliz será su vida. Si deciden dedicar su vida a un objetivo verdaderamente noble, tal como la obra de crear un mundo pacifico para las futuras generaciones, entonces podrán saborear una sensación verdaderamente profunda de satisfacción y felicidad.

Una persona con un fuerte sentido de misión es una fuente de luz. Para dicha persona, no existe oscuridad en el mundo. Y al igual que un solo faro puede guiar muchos barcos a través de aguas peligrosas, una sola persona que brille con la luz de la verdadera felicidad puede ayudar a sus amigos y a su familia y a toda su sociedad a encontrar las aguas tranquilas y abiertas de la paz y prosperidad.

 

Compasión

Mientras más compasión se da, más felicidad se recibe. Actos tan simples como escuchar, compartir y recordar pueden proporcionar tremendo alivio a los demás.

¿Cual es la clave para dirigir la indomable energía de la vida hacia la creación de felicidad y valor? Creo que la acción compasiva es, precisamente, lo que puede efectuar esta transformación.

Nuestros deseos personales demandan energía del mundo que nos rodea, pero cuando extendemos la mano para tocar y enriquecer las vidas de los demás, la compasión dirige esa energía hacia el exterior. Y mientras más energía damos, por extraño que parezca, más energía podemos experimentar y disfrutar para nosotros.

La compasión puede ser algo tan simple como escuchar a alguien contarnos sus problemas. En cierta oportunidad oí hablar de una enfermera que tenia que cuidar a una señora de 87 anos de edad a la que siempre se le veía como en un letargo, sentada en su silla de ruedas, mostrando una expresión aburrida, con los labios apretados herméticamente y con las cejas tejidas en un ceno fruncido permanente.

Cuando la enfermera la vio por primera vez, su deseo sincero fue hacerla sonreír y hacerle traer una expresión más calida a su rostro. A partir de allí, siempre que se encontraban, tomaba a su paciente de la mano y le hablaba.  Entonces, un día, en la cafetería del hospital, la señora comenzó a compartir con ella todo cuanto había sufrido en la vida. La enfermera, simplemente, le sostuvo la mano como siempre, la escucho, y siguió su historia en silencio, asintiendo con la cabeza.

Cuando la paciente termino de hablar, la enfermera la devolvió a su cuarto. En el camino, la anciana le susurro a su nueva amiga. "Nunca nadie me había escuchado así."  Y desde ese día en adelante, se vio brillar en su rostro una resplandeciente sonrisa.

La compasión ha de ser encontrada en actos tan simples como escuchar, compartir y recordar. Cuando nos proponemos llevar un estilo de vida compasivo, nuestros sufrimientos y nuestros fracasos asumen nuevo significado. Podemos empezar a verlos como requisitos para poder entender el dolor de los demás y para saber que acción tomar para causar alivio.  Hay tiempos en los que las personas solo pueden encontrar consuelo en la voz de alguien que ha experimentado su mismo pesar.

Una actitud de compasión no significa mirar a alguien desde una posición de superioridad, sintiendo pena por su miseria. Es un sentimiento de empatia hacia otros seres humanos iguales a nosotros y su base es el respeto. La compasión es como un cómodo salón, bien iluminado, al que invitamos a entrar a un amigo. En el nos sentamos a dialogar sobre la vida como iguales, a aprender el uno del otro y a esforzarnos por mejorar, juntos, la vida de ambos.

Del mismo modo en que el sufrimiento no solo nos afecta a quienes lo estamos padeciendo, pues los demás siempre se ven afectados por nuestra infelicidad, no puede haber felicidad que solo exista solo para a uno mismo.  La felicidad no es un "pastel" de un tamaño fijo que deba cortarse cuidadosamente para que cada uno pueda tener la  delgada rodaja que le corresponde.  Al aumentar la felicidad de uno mismo o la de los demás, aumentamos la cantidad total de energía positiva que vibra en el mundo. Quienes de verdad se regocijan por la felicidad ajena también disfrutan una felicidad profunda y genuina dentro de si.  De hecho, cada uno de nosotros alcanza, exactamente, el mismo grado de felicidad que es capaz de ayudar a otros a alcanzar.

En contraste, un estilo de vida centrado y obsesionado en uno mismo redunda en una miseria que deja heridas profundas no solo en nosotros sino también en quienes nos rodean. El egoísmo es una gran fuente de sufrimiento en el mundo.

La compasión, sin embargo, va más allá de simplemente ser bueno o amable.  A veces la compasión requiere que le señalemos a otro cuales son sus debilidades o cuales son esos puntos obscuros que esa otra persona no puede ver; después de todo, en ello yace la causa de su infelicidad, lo que lo detiene en su propio crecimiento. Ver estas faltas, estar consciente de ellas y no mencionarlas por cobardía, es falta de compasión. Es ser un falso amigo.  La compasión y el coraje se encuentran profundamente ligados.

Recuerdo unas palabras de una película muy popular en mi juventud: "Usted tiene que ser duro para vivir. Pero si usted no es suave, la vida pierde sentido."  Se requiere de gran fuerza para involucrarse en los sufrimientos de otras personas y trabajar con ellos hasta verlos superar sus problemas.

El cuidar de otros es también la clave para superar nuestro propio sufrimiento. Eleanor Roosevelt sigue siendo una de las mujeres más admiradas del siglo 20. Ella jugo un papel importante cuando elaboro un bosquejo de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Su carácter era tal que, al final, pudo ganar el respeto de hasta sus más ásperos críticos.  Y sin embargo, esta mujer, cuyo destino era ayudar a tantas personas, comenzó su vida siendo una joven torpe y dolorosamente tímida que distaba mucho de ser feliz.

Criada por su tía y su tío, casi carecía totalmente de amigos durante los primeros anos de su vida pero, en cierto punto, comprendió que la única manera de superar su propio sufrimiento estaba en prestarle más atención a otras personas que a si misma. Trabajo duramente para entrenarse a que, en vez de preocuparse por la impresión que los demás tuvieran de ella, se concentraría en lo que ella podía hacer por los demás.  Y así, poco a poco, comenzó a florecer hasta convertirse en una mujer que, como Primera Dama de los Estados Unidos, llego  a ganarse el amor y la admiración de millones de personas, gracias a su cuidadosa y dedicada preocupación por el pueblo.
 
La compasión libera sabiduría. Los padres se mantienen constantemente buscando la manera de ayudar a sus hijos a vivir vidas mejores y más exitosas.  Cuando aprendemos cuan íntimamente ligadas están todas las formas de vida, la compasión puede extenderse más allá de nuestros amigos y nuestros familiares hasta poder abrazar incluso a aquellos cuya compañía no nos es particularmente grata.

Me gustaría compartir una hermosa imagen de una antigua parábola India que ilustra la interconexión de todo lo que existe. Decorando el techo de un palacio mítico hay una enorme red. De cada nudo de esta red pende una joya brillante que atrapa y refleja la imagen de cada una de las otras joyas colgantes. De este modo, cada una contiene dentro de si a todas las demás. Cada una es esencial para el brillo chispeante de la totalidad. Sin las otras, una sola joya aislada no tendría, en absoluto, la misma irradiación.

De la misma manera, es solo cuidando de los demás que podemos expandir nuestra propia vida y aumentar nuestro brillo y vitalidad.
Superando el Stress

Contraer matrimonio figura entre los siete eventos que más crean tensión y se encuentra ubicado en la lista entre el stress causado por una herida o una enfermedad y el causado por perder un trabajo.

Vivimos una era plagada de stress. La sociedad humana en todas partes experimenta rápidos cambios y  el ritmo de estos cambios parece ir en aumento. Los cambios y la incertidumbre son siempre fuentes de stress. Al mismo tiempo, la sociedad es cada vez más competitiva, hasta los niños sienten la necesidad de competir por sus calificaciones en las escuelas. Y mientras las sociedades cambian, también se debilita un factor de suma importancia para la estabilidad de los individuos: las relaciones humanas.

Un psicólogo norteamericano realizó, en cierta oportunidad, un recuento de los acontecimientos que más causan stress en la vida. Encabezando la escala estaba la muerte de la pareja, y a continuación, el divorcio, la separación y el arresto. Hasta los incidentes felices pueden ser fuente de stress. Contraer matrimonio figura entre los siete eventos que más crean tensión y se encuentra ubicado en la lista entre el stress causado por una herida o una enfermedad y el causado por perder un trabajo.

El stress también es causa de enfermedades. Los desórdenes cutáneos, las alergias, el asma, las úlceras y el cáncer han sido relacionados con él. Esto muestra la conexión existente entre la mente y el cuerpo. Se sabe que el  stress baja la resistencia corporal, y nos hace más vulnerables a diversas aflicciones. Por otra parte, en ocasiones, la respuesta de una persona al stress como por ejemplo, el comer o beber demasiado, puede ser tan dañina como el stress mismo.

Con frecuencia las cualidades positivas de una persona, tales como el sentido de responsabilidad o la búsqueda de la perfección pueden, en realidad, incrementar el stress que experimenta un individuo. Quienes están muy preocupados sobre cómo los ven los demás y sobre lo que los demás piensan  de ellos, terminan también creando gran cantidad de innecesario stress y preocupación en su vida.

Lo vital es ser auténtico con uno mismo y no siempre compararse con los demás. Cada uno de nosotros es la estrella de su propia historia y la mejor manera en que podemos vivir es que tomemos nuestras propias decisiones y seamos fieles a nuestras propias convicciones. Cada uno de nosotros debe sentirse libre de ser lo que es. Las personas que no son capaces de expresar sus propias opiniones y sentimientos terminan siendo muy vulnerables al stress.

La inseguridad y la ansiedad, más que el hecho de tener muchas actividades que realizar, son factores que destruyen la salud física y mental. Se dice que una máquina no se daña como consecuencia del uso continuo; por el contrario, es la fricción constante lo que produce el desgaste. Las preocupaciones y el stress son las “fricciones” de la vida humana.

Hace algunos años, conocí al doctor Anthony Marsella de la Universidad de Hawaii. Entre las ideas que el doctor Marsella propone para combatir el stress están: una vida diaria bien regulada, el pensamiento positivo y constructivo, el no posponer lo que necesite atención inmediata, el tomarse tiempo para orar, meditar o reflexionar sobre sí mismo, la buena alimentación, el hacer ejercicios, el dormir adecuadamente y la comunicación con los miembros de la comunidad.

Esto me recordó algo que leí sobre un pueblo llamado Roseto, del Estado de Pennsylvania, en los Estados Unidos, en el que se había presentado un caso poco usual de baja tasa de enfermedades cardíacas, las cuales, por lo general, son relacionadas con el stress. Roseto fue fundada por inmigrantes italianos y la mayor parte de sus pobladores eran grandes aficionados a la comida. Su dieta incluía mucha grasa y carne y muchos de ellos eran, también, fumadores. Los investigadores trataron de averiguar el porqué de que estas personas se mantuvieran tan saludables.

Ellos descubrieron que el pueblo entero era como una feliz y gran familia, unida por un espíritu de preocupación de los unos por los otros y de profunda interacción personal entre los vecinos. Había muchas oportunidades para que la gente se comunicara y para que cada uno disfrutara de la compañía de los demás. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, los lazos entre los individuos y la comunidad se fueron rompiendo. Como resultado, aunque la dieta seguía siendo la misma, la tasa de enfermedades cardíacas comenzó a subir gradualmente hasta alcanzar el promedio normal de los Estados Unidos.

Tener un buen amigo, alguien con quien poder hablar sobre cualquier tema y compartir nuestros altibajos con plena confianza y apertura, nos permite recuperar la sensación de equilibrio, de que estamos bien. El buen humor y la risa son también maneras importantes de aliviar la tensión.

Remedios simples como dormir, alimentarse bien, tomar un baño tibio o hacer ejercicios ligeros también pueden ayudar. El secreto es usar nuestro tiempo con sabiduría y encontrar el modo de darnos a nosotros mismos un refrescante cambio de ritmo. Todos deberíamos asegurarnos de tener cada día un tiempo para descansar, escuchar música o caminar al aire libre, lo que más nos convenga, aun cuando sea por diez o quince minutos.

Cuando nos encontramos ante una situación tensa, es fácil caer en la tendencia a sentir compasión por uno mismo y a imaginarnos que no existe nadie más infeliz que nosotros. Resulta frecuente que cuando las personas están luchando en contra de una fuerte tensión y ansiedad tiendan a aislarse y a revolverse en su propio sufrimiento. En cierta oportunidad un médico me dijo que uno de los tratamientos que se aplica en estos casos es reunir a un grupo de personas que estén confrontando este tipo de situación y guiarlos para que pongan su energía en la búsqueda del modo de ayudarse los unos a los otros. Al parecer, este tipo de terapia de grupo es muy efectiva.

De igual modo, cuando logramos romper con nuestro aislamiento y tomar acción en pro de los demás, es cuando podemos hacer fluir nuevas fuentes de esperanza y vitalidad desde adentro.

Así, por extraño que parezca, el sólo relajarse y no hacer nada puede que no sea la mejor vía para liberar la tensión. A veces ocurre que el encontrar un nuevo interés, algo a lo que realmente le queremos dedicar nuestros esfuerzos, puede convertirse en el remedio más efectivo para aliviar la tensión.

Por fortuna, la vida está dotada por naturaleza de la capacidad para convertir hasta lo más negativo en algo positivo. Con el stress, la clave está en si lo usamos como un viento a favor que, bajo nuestras alas, impulse nuestro ascenso hacia los cielos, o si nos permitimos ser arrastrados por él. Todos tenemos la capacidad para decidir esto. Creo firmemente que, como lo enseña el budismo, nuestra vida, en su nivel más profundo, toma la forma de nuestra resolución interior, de nuestro estado mental.

Un avión no puede volar sin la resistencia que le pone el mismo aire que propicia su ascenso. Del mismo modo, si no tenemos resistencia en nuestra vida, si no tenemos problemas ante los cuales retarnos, podemos perder el enfoque y el sentido de dirección. Todo depende de que podamos hacer buen uso del viento. Mientras estemos vivos, siempre habrá algo de tensión en nuestras vidas. Lo importante es aprender a manejar esa tensión y usarla como un impulso hacia el crecimiento, para así ampliar nuestros horizontes y encontrar mayor felicidad.

Joven para siempre

Interesarse activamente por los demás, buscar nuevos pasatiempos, hacer nuevos amigos, son actitudes positivas que han demostrado disminuir el deterioro físico y mental.

Cuando yo era joven, pensaba que no tenía nada que ver con los ancianos. Pienso que la mayoría de los jóvenes encuentran difícil de creer que un día serán viejos. Sin embargo, la realidad es que ahora yo estoy entre los “ancianos” y no me puedo mover con la facilidad y la velocidad con la que una vez lo hice.

Mi maestro solía decir que los últimos años de la vida son los más importantes. Si esos pocos últimos años son felices, habremos tenido una vida feliz.

La vejez es una época de realización y culminación espiritual. Cuando ya no se busca alcanzar posiciones, estatus, dinero o bienes materiales, los seres humanos podemos llegar a vernos a nosotros mismos y a la realidad de la vida y la muerte sin la distracción de los asuntos superficiales.

Cuando se llega a la vejez, se sabe dentro del corazón si se ha vivido o no una vida satisfactoria, nadie puede saber o decidir esto por uno. El máximo reto que cada uno de nosotros enfrenta es si podrá decir, honestamente, al final de sus días en este mundo, que su vida ha sido bien vivida.

Creo que el que podamos vivir una vida verdaderamente satisfactoria hasta el final depende en gran medida de cómo percibimos la muerte. Lamentablemente, muchos ancianos se sienten ansiosos y temerosos acerca de idea de la muerte. No obstante, como budistas, encuentro de gran ayuda el que podamos comparar los ciclos de la vida y la muerte con el ritmo diario de despertarse y dormirse. Así como esperamos con ansia el descanso que nos brinda el sueño después de los esfuerzos del día, la muerte puede ser vista como un período en el que se le da la bienvenida a la posibilidad de descansar y recargar energía, un período en el que nos preparamos para una nueva ronda de vida activa. Y así como disfrutamos de un buen sueño después de un día en el que hemos dado lo mejor de nosotros mismos, una muerte fácil y tranquila sólo puede la consecuencia de una vida vivida al máximo sin ningún remordimiento.

Es natural para los árboles el sostener los frutos en la época de cosecha. De la misma manera, la “vejez” es un período de maduración. La vejez puede ser la época más valiosa de la vida humana, una época en la cual poseemos una rica experiencia, un carácter profundamente pulido y refinado, y un corazón puro y amable. La perdida de ciertas capacidades con la edad no es algo de lo que haya que avergonzarse. Por el contrario, las variadas debilidades que vienen con la edad deben ser vistas como insignias de honor que deben ser llevadas con orgullo.

Hay un dicho que dice, “para un tonto, la vejez es un amargo invierno; para un sabio es una época de oro”.  Todo depende de nuestra propia actitud, de cómo enfocamos la vida. ¿Miramos la vejez como un período de deterioro que finaliza con la muerte? ¿O como una época en la cual tenemos la oportunidad de lograr nuestras metas y de llevar nuestra vida a un final provechoso y satisfactorio?

Recientemente recibí una carta de una señora de 67 años en Kioto. Su consejo era el siguiente: “necesitamos desterrar de nuestras mentes cualquier expresión de derrota, así como declaraciones y pensamientos tales como ‘no lo puedo hacer’, ‘soy muy viejo’, ‘no tiene ningún sentido que lo intente’, o ‘es muy duro’. En cambio, debemos decirnos a nosotros mismos: ‘todavía no me daré por vencido’, ‘todavía soy joven’, ‘todavía tengo mucha energía’. Tan solo con cambiar la manera en la que nos hablamos a nosotros mismos y a los demás, podemos cambiar nuestros patrones de conducta hacia una dirección positiva”.

Los estudios demuestran que cuando hacemos uso continuo del poder de nuestra memoria y de nuestra concentración, estas habilidades no necesariamente se pierden. Un interés activo por los demás, encontrar nuevos pasatiempos y hacer nuevos amigos, son actitudes positivas que han demostrado disminuir el deterioro físico y mental.

Aunque nuestros cuerpos puedan envejecer, si mantenemos una actitud activa y positiva, nuestros corazones y nuestras mentes permanecerán “jóvenes” por siempre.

Para citar al poeta Samuel Ullman: “La juventud no es una época de la vida, es un estado de la mente. No tiene nada que ver con mejillas sonrosadas, labios rojos y rodillas flexibles, sino con voluntad, calidad en la imaginación, vigor en las emociones y frescura en el profundo manantial que da origen a la vida”.

Resulta vital poder siempre mirar hacia el futuro, y tener  planes y aspiraciones. Una perspectiva así es crucial para hacer provechosos y satisfactorios los últimos años de nuestra vida.

Una mujer cuya actitud juvenil realmente me impresionó fue la pintora americana conocida como “Abuela Moses”, fallecida a los ciento un años de edad, quien dejó una obra de alrededor de mil quinientos cuadros. El caso es que, esta anciana apenas comenzó a pintar a la edad de 75 años y que nunca antes había estudiado pintura. Hasta entonces, no había pasado de ser la simple esposa de un granjero.

Se trata de una dama que tuvo que enfrentar gran cantidad de dificultades en su vida; cinco de sus diez hijos murieron jóvenes y también perdió a su esposo cuando ella tenía 66 años de edad. La Abuela Moses decía que aunque hubiera tenido que experimentar tanto dolor y aunque hubiera tenido que trabajar tanto, se había negado a ser arrastrada por el sufrimiento y siempre miraba hacia adelante.

Fuese lo que fuese que estuviera enfrentando, esta dama se esforzaba por hacer que cada día y cada momento tuviera el brillo de su sonrisa. Después de que sus hijos alcanzaron la edad para irse de la casa y luego de la muerte de su esposo, se negó a dejarse arrastrar por la soledad o  a renunciar a la vida. Adoptó el reto de pintar y sus últimos años brillaron como una hermosa puesta de sol. En cierta oportunidad escribió “veo hacia atrás y veo mi vida como un buen día de trabajo. La faena ha terminado y me siento satisfecha. Me siento feliz y complacida. No lo sabía hacer mejor, pero le saqué el mejor provecho a lo que la vida me ofreció. Y la vida es lo que hacemos de ella, siempre ha sido así y siempre lo será”.

Hay una gran diferencia entre simplemente vivir una larga vida y vivirla a plenitud sacándole el máximo provecho. Lo que es realmente importante es la cantidad y la riqueza de rica textura y de color que le podamos agregar a nuestras vidas durante nuestra estadía aquí en la Tierra, sea cual sea el  tiempo que dure esta estadía. La calidad es lo que tiene verdadero valor, no la cantidad.

 

La batalla contra el odio

La devoción por la paz y la determinación a detener la tragedia avanzan de la mano.

Toda forma de vida conlleva dolor y sufrimiento. Sin sobrepasar severas pruebas, no puede haber grandeza en la vida. No existe una persona en la historia que haya logrado algo grande sin experimentar sufrimiento o crisis. El dolor y la tristeza cultivan las vastas tierras de nuestro ser interior y nos capacita para hacer emerger el deseo de trabajar por la felicidad de otras personas.

Alguien cuya vida demuestra esta verdad es, en mi opinión, el doctor José Abueva, quien fuera presidente de la Universidad de Filipinas.

Hace cincuenta años, cuando el joven José tenía 16 años, se encontraba remando un bote en busca de sus padres, los cuales habían sido tomados prisioneros por las fuerzas armadas japonesas que habían ocupado las Filipinas. Su padre, Teodoro Abueva, luego de negarse a cooperar con los invasores y se alistó como miembro del gobierno de la resistencia antijaponesa. La madre de José, Nena Veloso Abueva, era la cabeza del Servicio Auxiliar Femenino en la resistencia.

Los militares japoneses habían estado a la caza de Teodoro por mucho tiempo.

Tras haberse escondido en las montañas por un año con las fuerzas guerrilleras, toda la familia Abueva fue capturada, a excepción de José y su hermano Billy. Los militares japoneses separaron a marido y mujer y los torturaron. Los niños apresados fueron forzados a escuchar los gritos agonizantes de sus padres. Posteriormente los soldados se llevaron de allí a Teodoro y a Nena, y liberaron a los niños.  Billy se quedó al cuidado de sus hermanos y hermanas mientras que José, en compañía de un primo, zarpó en un bote en busca de sus padres.

Aquél se convertiría en un triste viaje. Arribaron al pueblo al que había sido llevada la familia. Las noticias relativas a la reocupación norteamericana de las Filipinas se estaban dando a conocer y no se veía un solo soldado japonés en los alrededores.  Orando para que se hiciera el milagro de que sus padres todavía estuvieran con vida, José buscaba un indicativo que le dijera dónde encontrarlos. Entonces escuchó rumores de que algunas personas habían sido asesinadas y lanzadas por un precipicio.  Le aconsejaron que comenzara su búsqueda por allí.

Escaló la montaña. El sol ardía inclemente desde un cielo despejado. Caminó hacia dentro de un claro que se encontraba delante de un pequeño bosque.  De repente, un olor amargo comenzó a golpear su olfato a medida que se acercaba al resultado de la obra de un ejecutor. Vio entonces una sucia camisa blanca de rayas azules e inmediatamente la reconoció, era de su padre.  Entonces vio un pedazo del vestido color café de su madre. También encontró fragmentos de rosarios y cinturones que pudo reconocer como pertenecientes a ellos.

A pesar del horror de la experiencia, José no lloró. Se encontraba tan agotado emocional y físicamente, que las lágrimas no alcanzaban a salir. Volvió sus ojos hacia el brillante mar que se extendía en dirección a Mindanao y su mente fue inundada por pensamientos de lo que les debía haber ocurrido a sus padres. Habían sido mártires asesinados por amor a la libertad y por amor a su país. Por ello habían sido torturados y asesinados, y aquélla era la montaña en la cual sus vidas habían llegado a su fin en tan cruel sacrificio.

El doctor Abueva escribe, “Aunque esto ocurrió hace medio siglo, es algo que se encuentra grabado en mi mente. Jamás podré olvidarlo.”  ¿Cuántos otros, como el doctor Abueva, han tenido que enfrentar la crueldad y la locura de la guerra, y los recuerdos que jamás desaparecerán?

Pero el doctor Abueva no muestra señal alguna de amargura cuando dice lo siguiente en una visita a Tokio: “Mis padres fueron asesinados por soldados japoneses pero ninguno de sus siete hijos guarda resentimiento alguno hacia el Japón. Me agradan los japoneses y creo que el pueblo japonés comparte con el pueblo filipino su mismo amor por la paz.”

Me sorprendió cuando escuché esto: a pesar del sufrimiento extremo que tuvo que experimentar, ha mantenido sus nobles ideales. En verdad esta persona está dotada de un corazón extraordinario.  ¡Qué contraste en comparación con aquellos que asesinaron a personas inocentes y dignas!  ¿A qué se debe que la mayoría de los japoneses carezcan de respeto hacia sus vecinos asiáticos?  ¿Por qué  no pueden percatarse de que su propia arrogancia los ha convertido en objetos de desprecio?  Y aunque hoy en día el medio sea económico, la violencia y la explotación todavía se mantienen.

Después de la guerra, los hermanos Abueva, ya para entonces huérfanos, hicieron grandes esfuerzos para cuidar los unos de los otros y llegaron a convertirse en maravillosos adultos.  José estudió en la Universidad de las Filipinas donde posteriormente llegó a ser profesor, luego de haber estudiado también en la Universidad de Michigan.

El doctor Abueva ha trabajado en Nepal, Tailandia, los Estados Unidos y el Japón.  El venerado recuerdo de sus amados padres ha sido su sustento, dondequiera que ha estado. Todos los logros que ha alcanzado en su vida, comenzaron en el escalar de aquella montaña, aquel día fatal.  Ha dedicado su vida totalmente a la paz y se ha determinado a evitar que otras personas vivan el tipo de tragedia que él vivió.

“La mayor ironía de mi vida”  recalca él, “fue cuando fui seleccionado para que prestara mis servicios en la Universidad de las Naciones Unidas en Tokio.”  Por un lapso de casi ocho años vivió con su esposa y su familia en el país que había asesinado a sus padres, y durante todo ese tiempo fue un embajador de amistad, con un corazón tan incomparablemente amplio como el mar.

En 1987 fue elegido presidente de la Universidad de las Filipinas. En esa ocasión, el doctor Abueva declaró  “A lo largo de la historia ha habido muchos líderes de la guerra, pero ha habido pocos líderes de la paz.  Yo estoy determinado a cambiar esto.”

Una preocupación del doctor Abueva era que los estudiantes de su Universidad también tuvieran conciencia de que su deber para con la sociedad era liderizar el camino para encontrar soluciones a los problemas del país.

Como presidente, puso especial énfasis en la creación de una “Casa de la Paz” para intercambios internacionales. Ésta fue quizás la cristalización de una promesa de luchar por la paz que él mismo se había hecho en su juventud.  El doctor Abueva cree que la construcción de profundas relaciones entre los pueblos es más importante incluso que el enfoque puesto en las relaciones entre los gobiernos y ve los intercambios juveniles y culturales como corrientes vitales en el fluir de un gran río de paz que él está determinado a crear.

En mayo de 1993, expresando su deseo de que esto se convirtiera en un símbolo de amistad entre el Japón y las Filipinas, el doctor Abueva me invitó a la ceremonia de apertura oficial de la “Casa de la Paz”.

Yo también declaré mi determinación de dedicar mi vida, como ciudadano japonés, a construir puentes de amistad entre los pueblos asiáticos.

Quien hace la historia

“Los verdadero héroes de la historia son las personas comunes.”
Jules Michelet.

Si observamos a lo largo del vasto paisaje de la historia humana, la vida de un ser humano puede parecer pequeña e insignificante. No obstante, aunque los seres humanos parezcan ser barridos por el fluir de la historia, también está claro que los seres humanos son los que crean la historia.

Creo que el grito lleno de coraje, de aunque sea un solo individuo que se levanta en bien de la justicia, puede iluminar los corazones de miles de otras personas y cambiar el curso de la historia humana. Yo estoy en favor del punto de vista del historiador francés Jules Michelet en cuanto a que los verdaderos héroes de la historia son las personas comunes. Tal como lo muestra los acontecimientos recientes en las Filipinas, la historia es hecha por el pueblo no por los generales o por los que tienen en sus manos el poder.

Michelet presentó la historia de Madame Legros, una mujer desconocida que dirigía una pequeña tienda de modas en Francia, antes de la Revolución.

Cierto día, Madame Legros recogió una carta que se encontró en la calle. Había sido escrita por un prisionero político que se encontraba encarcelado en la Bastilla, lugar en el que una persona podía ser encerrada arbitrariamente, por orden del rey. La carta que Madame Legros encontró era de un prisionero político que había estado encerrado por más de treinta años. El propósito de la misma era que llegara a las manos de una persona bien conectada que pudiera asegurar su liberación.

Al leer la carta, Madame Legros se percató de que aquel total desconocido era inocente y decidió tratar de salvarlo. Ella no tenía conexiones sociales  en absoluto pero se fue de puerta en puerta, apelando al dueño de cada casa para pedirle ayuda en la liberación del prisionero. No obstante, sus acciones sólo le reportaban críticas y hasta fue acusada de ser la amante del prisionero. Con el tiempo perdió su tienda, sus padres murieron y era amenazada constantemente por las autoridades.

Pero esto no la perturbó, ni la desanimó, ni la atemorizó; simplemente se mantuvo persiguiendo su objetivo con una devoción inquebrantable. En cierta oportunidad alguien hizo arreglos para que Madame Legros conociera a una dama de compañía de la familia real y, a tal fin, caminó la larga distancia entre París y Versalles en un día de amargo frío, a pesar de tener siete meses de embarazo. Finalmente, su petición llegó al rey, pero éste le contestó que jamás daría libertad al prisionero.

Aun así, Madame Legros no se dio por vencida. Tomó la resolución, de ahí en adelante, de que sólo confiaría en el poder del pueblo. Se dirigió a cualquiera que ella pensara que podría escucharla y gradualmente, hizo posible que se levantaran y propagaran innumerables olas de opinión pública.

Finalmente Madame Legros alcanzó su momento de victoria cuando, en 1784, ya no pudiendo negarse más, el rey finalmente ordenó la liberación del prisionero. La Bastilla, famosa por su impenetrabilidad, abrió sus puertas por primera vez gracias a los llamados de justicia de una mujer.

La historia nos lleva de regreso a eventos y vidas de mucho tiempo atrás. Nos coloca frente a apasionados revolucionarios y a cobardes traidores. Nos hace conocer personas que deseaban llevar vidas pacíficas, pero que sufrieron enormemente. Nos presenta a otros que levantándose desde las profundidades del sufrimiento lograron hacer lo imposible posible.

Naturalmente, a medida que vemos develarse el drama de la historia en nuestras mentes, comenzamos a ver la vida desde un punto de vista más amplio y más extenso. Y cuando vemos de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde vamos, se nos hace más simple escoger el camino a seguir.

El estudio de la historia es el estudio de la humanidad, por ello, en cierto sentido, conocer la historia es conocerse a sí mismo. Es como el estudio de los patrones de las estaciones. Aunque no podemos predecirlos con total exactitud, podemos prever las tendencias del clima según las estadísticas o según las probabilidades. El corazón humano es también impredecible. Sin embargo, al observar la historia podemos ver las tendencias y las probabilidades de nuestras acciones humanas. Podemos, entonces usar la historia como un espejo que nos guía en la definición del futuro.

Pero la historia que es registrada y transmitida no siempre refleja la totalidad de la verdad. Considero vital en esta época que, en lugar de llegar a conclusiones apresuradas sobre un aspecto de la verdad, tratemos de encontrar la verdad total sobre las cosas. Hoy en día, muchos de los conflictos y odios que existen en el mundo son causados por juicios que hacemos a la ligera sobre la base de conocimientos parciales.

Por ejemplo, siempre se ha enseñado que Cristóbal Colón descubrió las Américas. Sin embargo, mucho antes de que Colón llegara a esas tierras ya había seres humanos que vivían allí. Puede que haya sido un descubrimiento si se ve desde una perspectiva europea, pero definitivamente, no si se ve desde el punto de vista de los nativos de América.

No obstante, la tragedia fue que los “conquistadores” del llamado Nuevo Mundo estaban tan centrados en sí mismos que ni siquiera consideraron seres humanos a los indígenas y, en consecuencia, los masacraron y los convirtieron en esclavos.

La idea de que Colón “descubrió” la América dio legitimidad a acciones simulares por parte de otras personas. Dentro de la sola palabra “descubrimiento” yace una visión egoísta de la historia, una visión que justifica la subyugación de otros seres humanos en pro de los intereses propios de alguien.

La historia basada en la idea del “descubrimiento” y la “explotación” también nos enseña la idea de Magallanes el explorador, no la de Magallanes el invasor. No nos enseña, por ejemplo, la lucha valiente del jefe filipino Lapu-Lapu por defender su tierra.

Este mismo punto de vista sobre la colonización subyace a la cruel invasión perpetrada también por el Japón en el continente asiático. Desde el período Meiji, el cual comenzó en 1868, los japoneses intentamos ponernos a la par de los europeos al tratar de convertirnos en los “europeos” del Asia. Como resultado, le dimos a nuestros coterráneos asiáticos el mismo tratamiento que los europeos le dieron a los indígenas de América después de la llegada de Colón.

Sean cuales hayan sido los vergonzosos actos que ocurrieron, es extremadamente importante, por el bien de los japoneses y del mundo, que la verdad sea recopilada y transmitida tal cual fue. Sólo entonces podrá evitarse que la tragedia de errores similares ocurra de nuevo.

Hasta ahora, la historia ha estado siempre centrada en los intereses de los poderosos, en la política y en los gobiernos. Debemos reescribirla de modo que se centre en la gente común, en individuos valientes como Madame Legros, y en sus vidas, de modo que refleje el punto de vista de toda la humanidad. Tal como lo dijo Michelet: “Desde la primera página hasta la última, la historia ha tenido un solo héroe: el pueblo.”

Un trozo de espejo

Yo tengo un espejo. Siempre lo llevo conmigo. De hecho, no es más que un trozo de  espejo del tamaño de la palma de mi mano. Es más bien grueso, de esos que seguramente se encuentran con facilidad en un basurero.

Pero para mí es mucho más que basura. Cuando mi mamá se casó, lo trajo consigo como parte de su "trouseau", bellamente empotrado en su marco respectivo. ¡Cuántas veces ha debido reflejar el  rostro de mi madre recién casada! Veinte años después, sin embargo, el espejo se rompió. Mi hermano mayor Kiichi y yo, recogimos los fragmentos y guardamos los dos más grandes de recuerdo.

Poco tiempo después estalló la guerra. Mis cuatro hermanos mayores, uno a uno, se fueron al frente de batalla. Unos a luchar en China, otros al sudoeste asiático. Yo tuve fuertes sentimientos de aversión hacia la guerra. Mis cuatro hermanos, que estaban en el albor de su vida, listos para ir a trabajar y contribuir con el sustento familiar, fueron separados de su familia con el envío de un "simple" papel: el aviso oficial de reclutamiento.

Nunca olvidaré el desagrado y la rabia con las que Kiichi, al regreso de China, describió las atrocidades humanas que presenció allí, llevadas a cabo por la armada japonesa. Dijo: "Japón estaba equivocado" y lamentó profundamente lo sucedido al pueblo chino. Yo desarrollé un profundo odio hacia la guerra, su crueldad, su estupidez y su desperdicio.

Trágicamente, la Guerra del Pacífico mostró el salvaje desenfreno del nacionalismo japonés a través de toda el Asia. Los japoneses se convirtieron  en emisarios del "infierno", causando un sufrimiento indescriptible y mucho dolor en los países vecinos y en la ciudadanía del Japón. Nunca debemos olvidar las terribles crueldades que causamos en el hermoso país de Filipinas. Ofrezco mis más sinceras disculpas por la desdicha incalculable ocasionada por los militares japoneses en ese tiempo.

Mi madre, separada a la fuerza de sus cuatro hijos mayores, intentaba no mostrar su congoja, pero de pronto, envejeció. Entonces, comenzaron los bombardeos aéreos sobre la ciudad de Tokio y pronto se convirtieron en sucesos de todos los días. Yo mantuve el trozo de espejo siempre conmigo, colocándolo con mucho cuidado dentro del bolsillo de mi camisa, mientras eludía, a mi paso, las bombas que caían a nuestro alrededor.

La guerra había ensombrecido todos los rincones de nuestra existencia. Finalmente lo que todos presentíamos se hizo realidad: la derrota. El 15 de agosto la guerra, que había sido iniciada y peleada en nombre del emperador, ahora terminaba con la voz del mismo emperador en la radio exhortando a los japoneses a "soportar lo insoportable". A los 17 años mi corazón se debatía entre la esperanza y la angustia.

La gente se sentía aturdida. Pero entonces nos dimos cuenta de que los cielos estaban calmados por primera vez en meses. Tuvimos un sentimiento de alivio. Esa noche pudimos por fin encender las luces. ¡Cuánta claridad! Pensé: “que buena es la paz”. Estábamos todos aliviados, pero ninguno se atrevía a decir abiertamente: "me alegro que hayamos perdido. Gracias que se acabó la guerra."

Para ese momento, el único deseo de mi madre era ver a sus hijos volver de la guerra, sanos y salvos. Le preocupaba especialmente Kiichi. No habíamos oído hablar más de él desde de su traslado de China al sudoeste asiático. De vez en cuando mamá nos comentaba que había soñado con Kiichi y que en el sueño él le decía que pronto regresaría.

Finalmente, casi dos años después del fin de la guerra, y cuando ya mis otros  hermanos, uno a uno,  habían vuelto,  recibimos la notificación de que a Kiichi lo habían matado en Birmania. Pensé de inmediato en el trozo de espejo que el llevaba consigo en el bolsillo de su camisa del uniforme. Podía imaginármelo en medio de una pausa, en plena lucha, sacando su espejo del bolsillo y viendo su barbuda cara reflejada en él, al tiempo que recordaba con nostalgia a su madre en el calor del hogar.

Cuando mi madre recibió la noticia de la muerte de Kiichi, nos dio la espalda y comenzó a sollozar  dolorosamente. Esta era la pérdida y la tristeza más grande de toda su vida. Sentí en las profundidades de mi ser lo trágico y lo inútil de la guerra. La guerra, capaz de generar tanto sufrimiento a una madre inocente de todo crimen, es sin lugar a dudas, el más absoluto de los males.

La guerra sólo trae sufrimiento y desdicha a la gente común, a sus familias y a sus madres. Son siempre personas anónimas y desconocidas las que gimen en medio del barro y de las llamas. En la guerra, la vida es utilizada como un medio para lograr un fin, similar a un producto desechable. Se dice que toma veinte años de paz hacer un hombre, pero sólo veinte segundos destruirlo. Por eso es que siempre debemos oponernos a la guerra, ya sea no involucrándonos en ella, o no permitiendo que otros la hagan. Todas las rivalidades y los conflictos tienen que ser resueltos a través de la sabiduría y no del poder.

En los oscuros y difíciles tiempos que siguieron a la derrota del Japón, me fui de mi casa y me mudé a una pensión. El cuarto era pequeño, vacío y feo, pero afortunadamente, yo tenía el trozo de espejo conmigo. Todas las mañanas, cuando me iba al trabajo, lo sacaba y lo usaba mientras me afeitaba y me peinaba.

En 1952, cuando me casé, mi esposa trajo consigo un nuevo espejo empotrado y de allí en adelante lo utilicé para verme en él. Un día encontré a mi esposa con el trozo de espejo roto en sus manos, mirándolo desconcertada. Cuando vi que el espejo podría terminar en la papelera si yo no le decía algo le conté la historia de ese trozo de espejo. Ella se las arregló para encontrar un bonita caja de madera de "paulonia" y allí guardó el espejo donde sigue todavía, a salvo.

Cada vez que veo el trozo de espejo roto, recuerdo esos días de mi juventud, tan difíciles de describir, recuerdo las oraciones de mi madre y el triste destino de mi hermano mayor y continuaré recordándolo mientras  viva.

Amistad

Creo que la amistad es la relación humana más genuina que somos capaces de tener. Ser comprendido y apreciado por lo que uno es, el ser humano sin adornos que llevamos por dentro, es una experiencia vital en la vida.

A lo largo de la vida, disfrutamos de la compañía de diferentes tipos de amigos. Los amigos de nuestra niñez a quienes apenas recordamos, los amigos de la escuela primaria, el “mejor amigo” durante la adolescencia, amigos que hacemos en el trabajo, amigos con los cuales compartimos buenos momentos, compañeros de tragos. A medida que nos hacemos mayores, un amigo con el cual compartimos una taza de te y una conversación.

En cualquier etapa de la vida, con cualquier tipo de amistad, ésta es una conexión pura entre dos personas, un vínculo de sinceridad compartida que no está afectada por cálculos de pérdida o ganancia.

En las amistades de la niñez, ninguno de los niños tiene suficiente madurez como para apreciar  profundamente a otra persona. Sin embargo, durante la adolescencia, tener un amigo, creer en él y tratar de corresponder a su confianza y las promesas hechas, es realmente nuestra primera experiencia de retarnos a nosotros mismos y atesorar a otras personas.

Aún entre las 5,8 billones de personas que habitan este planeta, es muy raro encontrar amigos auténticos e incondicionales con los cuales puedas ser tú mismo y quienes entienden tus sentimientos y forma de pensar sin necesidad de palabras. Amistades tan valiosas pueden ser nutridas durante muchos años.

Siento que para las mujeres es especialmente importante no alejarse de sus amistades cercanas cuando se casan, o cuando ocurren cambios importantes en sus vidas. Con el transcurrir de los años, sus padres pueden morir, usted a lo mejor se separa de su pareja o puede que éste también muera. Este es el inevitable ritmo de la vida. Los hijos se independizan y abandonan el nido. En el transcurso de la vida, la sensación de soledad de una mujer puede aumentar.

Así que pienso que la clave para llevar una vida plena es tener aunque sea un auténtico amigo con el cual uno pueda hablar de cualquier cosa.

Podemos llorar por el dolor de un amigo y regocijarnos con su felicidad, y es éste compartir emociones lo que nos abre al mundo y a otras personas. La base de la amistad es tener la generosidad de espíritu para respetar a aquellos cuyo carácter y personalidad difieran de los nuestros.

Son particularmente valiosas aquellas amistades que trascienden las barreras de raza, nacionalidad u otras diferencias. Recuerdo claramente haber leído en un libro escrito por Romain Rolland acerca de dos amigos, Christophe y Olivier, dos personajes marcadamente diferentes. Christophe es alemán y Olivier es francés. Christophe es fuerte y está lleno de vida mientras que Olivier físicamente es débil pero tiene mucha sensibilidad. A medida que su amistad crecía, los dos “se sorprendían de las cosas que descubrían el uno en el otro. Habían tantas cosas que podían compartir...”

Christophe y Olivier debatían vigorosamente sobre las diferencias de sus respectivas sociedades y de las personas, acerca del arte, la libertad y humanidad. En este proceso hallaron un mundo totalmente nuevo.

Algunas veces ellos se desesperaban ya que no podían entenderse, pero aun así su amistad sobrevivió aun cuando Alemania y Francia estaban al borde de la guerra.

Creo firmemente que cuando podamos construir redes de amistades que se extiendan a través de las fronteras nacionales con una conciencia de que todos somos parte de la misma familia humana, entonces podremos sobrepasar todas las barreras étnicas y superar las diferencias religiosas. Finalmente, serán estos vínculos de amistad los que crearán un mundo pacífico.

Así que en el terreno personal ¿Cómo empezamos? Sencillamente, si nos armamos de coraje, abrimos nuestros corazones e iniciamos conversaciones genuinas con otras personas, pueden nacer amistades nuevas e inesperadas.

Hacer amistades y conservarlas depende de usted, no de la otra persona. Queda de su parte la actitud y la iniciativa. Las relaciones humanas son como un espejo. Así que si usted está pensando “sí solo fulano de tal fuese un poco más amable conmigo, yo podría hablar con él sobre cualquier cosa” y quizás esa persona esté pensando “sí solo fulano de tal se abriera un poco más conmigo, yo seria amable con él”.

Si usted  es sincero en sus relaciones con otros, tarde o temprano, de manera natural, se hallará rodeado de buenos amigos.Las personas que no tienen miedo de ser ellos mismos logran buenas amistades llenas de confianza.

La verdadera amistad conecta a individuos que tienen confianza en sí mismos y que comparten un vínculo común. De la misma manera, en una arboleda de bambúes, cada bambú crece independiente, derecho hacia el cielo. Sin embargo, en el suelo, fuera de la vista, sus raíces se conectan entre sí. Por otra parte, la amistad entre personas que carecen de un sentido claro en la vida tiende a estancarse o a ser dependiente. La amistad debería ser más que sentir agrado hacia alguien porque pasa mucho tiempo con nosotros o porque nos presta dinero o porque es amable con nosotros. La verdadera amistad implica un compromiso verdadero y requiere, por nuestra parte, que velemos y cuidemos a otra persona aunque esto a veces sea a costa de nuestro propio bienestar.

Es fácil encontrar malos amigos que reforzarán nuestras debilidades. Por el contrario, un amigo verdaderamente bueno es difícil de encontrar.

El señor Makiguchi, maestro de escuela primaria y fundador de la Soka Gakkai, decía que la amistad puede dividirse en tres tipos: Digamos que usted tiene un amigo que necesita una cierta cantidad de dinero, darle a su amigo el dinero que necesita es un acto de pequeño bien, mientras que ayudarlos a encontrar un trabajo es un acto de mediano bien. Sin embargo, si su amigo está en realidad sufriendo debido a una tendencia básica hacia la flojera, entonces, ayudarlo constantemente puede servir sólo para perpetuar sus hábitos negativos.

En este caso, la verdadera amistad consiste en ayudar a esa persona a cambiar su naturaleza perezosa que es la verdadera causa de su sufrimiento. Un amigo de verdad nos dice con frecuencia las cosas que no queremos oír, pero las cuales necesitamos para seguir adelante y crecer plenamente como seres humanos.

Un solo amigo verdadero puede enriquecer nuestras vidas el doble o el triple. Una persona con un amigo así nunca perderá el camino.

 

Enfrentar los retos

“Si hay algo a lo que usted debe aferrarse es al coraje de luchar”

Sadie y Bessie Delaney, dos hermanas afro-americanas, nacieron en el Sur de Estados Unidos a finales del siglo pasado. A medida que crecían experimentaron situaciones de gran dolor debido a la discriminación tan enraizada que había  hacia las personas descendientes de africanos. Con frecuencia se estremecían de la ira por el trato que recibían. Aún así ellas se rehusaron a ser derrotadas, aprendiendo a reírse de la discriminación y alertándose mutuamente para no decaer. Las hermanas tomaron una determinación: “Si la sociedad no nos va aceptar, aunque estemos tan capacitadas como las personas blancas, entonces tendremos que convertirnos en personas más capaces aún”. Su padre les inspiraba coraje diciéndoles: Nunca se rindan. Recuerden que ellos pueden discriminarlas pero no pueden controlar sus mentes. Sus mentes aún les pertenecen”. A través de incansables esfuerzos, ellas lograron estudiar en la Universidad de Columbia.

Sadie, la hermana mayor, fue la primera persona afro-americana en enseñar ciencias domésticas a nivel de secundaria en la Ciudad de Nueva York, Bessie, por su parte, era la segunda afro-americana con titulo para ejercer la odontología.
Ellas no se dejaron derrotar por la discriminación, la pobreza o la crítica. Derribaron obstáculos con la actitud de que podían con todo.

Bessie resumía su actitud diciendo: “De cualquier manera que lo hagas tienes que esforzarte en esta vida... Si hay algo a lo que tienes que aferrarte es al coraje de luchar!”
Ambas hermanas sobrevivieron a sus atacantes, envejeciendo con un profundo sentido de victoria. Sadie actualmente está por cumplir 109 años y Bessie falleció hace algunos años a la edad de 104.

Muchas personas piensan que los únicos que pueden triunfar en la vida son aquellos nacidos en circunstancias afortunadas. Tales personas con frecuencia sienten que ellos también hubiesen triunfado teniendo esto o aquello o sí solo no estuviesen impedidos por los problemas que los agobian ahora. Durante mi juventud, tuve un amigo que sobresalía en todo y a quien todos admiraban. Sin embargo, recientemente supe que acabó siendo muy infeliz, asediado por enfermedades y problemas familiares. ¿Cómo podría ocurrirle esto a alguien que parecía ser muy afortunado durante su juventud? Quizás era porque, como fue consentido desde pequeño, él nunca supo lo que era el trabajo duro, ni lo que significaba esforzarse  para lograr algo. Pensando que todo lo que necesitaba caería fácilmente en sus manos, probablemente evitó hacer arduos esfuerzos y por lo tanto no pudo soportar las olas de dificultad que lo golpearon luego en la vida.

Mientras estemos vivos no podremos librarnos de las dificultades ni ahorrarnos los problemas. La cuestión está en cómo superarlos. Para esto hay solo una respuesta: Confrontar y retar de frente las pruebas de la vida. En este proceso podemos de hecho transformarlas en fuentes de alegría. Las dificultades moldean el carácter. Creo firmemente que uno jamás puede convertirse en una persona de carácter extraordinario si sólo lleva una vida tranquila y común y evade las dificultades.

La vida implica escalar una montaña, después otra y luego la siguiente. La persona que sigue avanzando paso a paso y finalmente conquista la montaña más alta obtendrá una verdadera sensación de victoria en la vida. Sin embargo, alguien que evita los retos, y se va por el camino fácil, gradualmente caerá en los valles y no sentirá tal satisfacción.
Una persona así, cuando tiene un problema tiende a pensar: “Yo estoy consiente de que debería tomar acción, pero será difícil”  Al momento de actuar, este tipo de persona tiende a la evasión pero alguien que preservar ase enfrentará al problema diciendo: “Será muy difícil, pero debo actuar”.

Una querida amiga, quien ha enfrentado cada reto en su vida es la señora Fang Zhaoling, una pintora y calígrafa nativa de Hong Kong. Ella creación en una época de mucho caos en China y a la edad de once años presencio cómo le disparaban a su padre. Su madre se determinó a no dejar que esta tragedia fuese un obstáculo para la educación de su hija y la señora Fang estudió mucho, y además aprendió a pintar.

Ella se caso joven y crió a ocho niños. Luego, a los treinta y seis años la golpeó  nuevamente una tragedia. Su esposo murió y ella quedó sola para criar a los niños cuyas edades estaban entre tres y once años. La señora Fang, entonces, se encargo de pequeña empresa mercantil y se las arregló para mantener y criar a sus hijos y ofrecerles una buena educación. Ella dice: “Haber pasado por el infortunio de enviudar tan joven es quizás lo que me dio fuerzas para seguir estudiando y desarrollar  mi habilidad como artista”.

Su vida es evidencia de que vencer los retos y triunfar sobre las adversidades es de lo que se trata la vida. Muchas de sus pinturas muestran riscos empinados y despeñaderos con obstáculos pero con frecuencia puede hallarse un camino o sendero de salida a través de las rocas. Ahora, a los ochenta años la señora Fang está siempre activa, siempre avanzando. Su vida brilla como una joya, forjada y pulida por las dificultades.

El diamante, rey de las joyas, es el mineral más duro y brillante. Así como el diamante cristaliza cuando el carbón que está profundo bajo tierra es sometido a temperaturas y presiones extremadamente altas, así cuando forjamos nuestras vidas bajo la intensa presión de las dificultades podemos desarrollar un bello y firme yo.

Generalmente, el mayor obstáculo para enfrentar los desafíos de la vida es, de hecho, nuestro propio temor a fracasar. Sin embargo, no es al fracaso lo que esta en permitir que nuestro miedo nos impida asumir retos nuevos y desconocidos.

Casi todos los personajes importantes de la historia; de hecho, han llevado una vida marcada por percances. Pero estas personas se levantaron nuevamente luego de cada impedimento estimulados por un espíritu que se rehusa a ser derrotado y que disfruta los desafíos, para finalmente coronar sus vidas con la victoria.

Aun si usted tiene problemas, aún si usted ha hecho cosas de las cuales se lamenta o ha cometido errores, tiene todo el futuro por delante. Si usted sigue avanzando diciéndose a sí mismo: “Comenzaré a partir de hoy”, “Comenzaré de nuevo a partir de ahora, desde este momento”, entonces todo un mundo nuevo de posibilidades se abrirá ante usted.

El Arte de enseñar

Creo firmemente en el poder que tiene cada joven en su interior para cambiar el mundo y que ese es el papel de aquellos que enseñan: creer en ese poder, incentivarlo y  liberarlo.

Recuerdo cómo se elaboró un proyecto en unas vacaciones de verano durante la escuela primaria. Teníamos una tarea para entregar en el próximo período. Por ser torpe, no pude hacer nada y retorné a la escuela avergonzado y con las manos vacías.

Cuando me preguntaron qué pasó con mi proyecto, yo respondí, tartamudo y titubeante, que se me había olvidado en casa. Para mi horror, el maestro me dijo que regresara a casa y lo trajera enseguida conmigo. Yo regresé sintiéndome desesperado. Buscando por ahí, vi un estante para libros que mi hermano mayor había hecho y se lo presenté a mi maestro quien elogió mi trabajo y me dio una buena calificación. Pero mirando al pasado, estoy seguro de que él sabía cuál era la verdadera historia.

Desde una perspectiva, se diría que este maestro me estaba gratificando por mentir, pero ese no es mi punto de vista. A través de una manera cálida y un gran corazón, él me abrazó y me comunicó un sentimiento muy concreto de ser creído, justo lo que necesitaba en ese momento. Y por supuesto, yo me sentí profundamente avergonzado, y prometí no dejar nunca que algo así ocurriera de nuevo.

Yo creo que la educación es lo que permanece después de que el contenido específico de cada lección enseñada ha sido olvidado. La esencia de la educación es la formación del carácter, enseñando a la gente joven cómo vivir en sociedad y animándolos a pensar independientemente. Estudiar es mucho más que simplemente absorber los conocimientos y técnicas, y la habilidad para memorizar y razonar no es nada comparada con la sabiduría, riqueza emocional y creatividad que existe dentro de cada ser humano.

La educación que no enseña el sentido de los valores convierte a la gente en meros robots, llenos de información pero sin ninguna comprensión de para qué sirve. Este tipo de enseñanza tan competitiva y sin corazón les extrae a los niños exitosos  la arrogancia a la vez que los menos brillantes académicamente quedan con menos auto confianza y un profundo temor a fallar.

Tristemente, la educación se utiliza a menudo para cultivar personas que son útiles sólo en el área en la que encajan en la sociedad. Los sistemas escolares en Japón y en muchos otros países, de hecho, impiden a los niños desarrollar su máximo potencial.
En la carrera por ascender la escalera del prestigio y status escolar, fácilmente podemos perder de vista la pregunta más importante de todas: ¿Cuál es el propósito de aprender?

Yo creo que la meta genuina de la educación debe ser la felicidad duradera de aquellos que aprenden. La educación nunca debe estar subordinada a las demandas del sistema o a la búsqueda de empleados generadores de ganancias por parte de las corporaciones. Los seres humanos, la felicidad humana, será siempre el objetivo y la meta.

Mi propio maestro, Josei Toda, solía decir que el más grande error del humanismo moderno es que confunde el conocimiento con la sabiduría. El conocimiento en sí mismo es una herramienta neutral que puede ser usado para bien o para mal. Así como la historia tristemente lo prueba, monstruos educados pueden sembrar más horror que sus hermanos sin educación formal. Cuando menos siete de los participantes de la conferencia Wannsee, donde los nazis planearon la "solución final" para exterminar el "problema judío", tenían grados doctorales. Es difícil imaginar una perversión más grande que la educación sin valores.

La sabiduría, en contraste, siempre nos lleva hacia la felicidad. La labor de la educación debe ser estimular y liberar la sabiduría que permanece latente en la vida de todos los jóvenes.  Esto no es un proceso forzado, como presionar algo dentro de un molde preestablecido, sino más bien extrayendo el potencial que existe dentro de las personas.

Yo creo firmemente en el poder que tiene cada joven en su interior para cambiar el mundo y que ése es el papel de aquellos que enseñan: el creer en ese poder, incentivarlo y liberarlo.

La relación entre maestro y discípulo puede ser una unión vital a través de la cual se abren nuevos horizontes y la vida se desarrolla. Para mí, la esencia de la educación es este proceso del carácter de una persona inspirando a otra. Cuando los maestros se convierten en compañeros en el proceso de descubrir, ardiendo de pasión por la verdad, el deseo por aprender se encenderá de forma natural en el corazón de sus alumnos. Y una vez que los niños sienten que sus maestros están realmente preocupados por su bienestar individual, comenzarán a abrirse y a confiar en ellos.

Me entristece que ahora este vínculo vital entre maestro y discípulo parece haberse debilitado por la desconfianza y la incomprensión. Los maestros en todas partes luchan con problemas de control y disciplina, y los alumnos resienten el hecho de que ellos deben abarrotar sus cabezas de conocimientos que fallan en responderles sus interrogantes sobre la vida, la verdadera relación entre el mundo y los seres humanos.

Maestros que no entienden ni se preocupan por sus alumnos, y que dan respuestas estereotipadas, de ninguna manera podrán satisfacer las mentes curiosas y sensitivas de los niños. Nunca debe olvidarse que la gente más importante de una escuela son sus alumnos.

Una vez escuché sobre un profesor japonés de una escuela primaria quien se irritó a causa de una niña en su clase que no podía mantenerse atenta. Él se dio por vencido tratando de ayudarla después de que un colega le dijo: “Los seres humanos son como las frutas; del veinte al treinta por ciento no tiene valor y no hay nada que puedas hacer al respecto.” Entonces, un día durante el receso, notó que ella estaba jugando con un rompecabezas tratando de juntar piezas plásticas de tal forma que encajasen en una caja. Finalmente ella lo logró y gritó: “¡lo tengo!”, su cara relucía de satisfacción como él nunca había visto antes. El maestro de pronto sintió remordimiento, ¿cómo fui capaz de darme por vencido con ella?, ¿no es acaso mi trabajo el asegurarme que cada niño salga de su salón de clases con la confianza de que pueden hacer cualquier cosa si realmente lo intentan?

Descubrió que los padres de la niña, ambos graduados en universidades reconocidas, estaban constantemente llamándola "estúpida". El maestro resolvió elogiarla cada día por cada pequeño logro, para erradicar la sombra de crítica que había en su corazón.

Después de un año, la niña se transformó. Procediendo a su propio paso, logró experimentar el placer de aprender. La clave fue el darse cuenta de que si ella hacía un esfuerzo para lograr algo, lo lograba.

Esta historia muestra cómo la más mínima falla puede destruir la confianza de un niño y el más mínimo catalizador puede disparar su crecimiento. Es vital que los educadores crean en el potencial de cada niño y se preocupen por su felicidad como seres humanos.
Mujeres en el trabajo

A pesar de las desfavorables condiciones reinantes, cada mujer debe desarrollar sus habilidades al máximo. Estos firmes esfuerzos serán lo que le harán ganar, con el tiempo, el reconocimiento y el respeto de la sociedad.

Hace algunos años, una mujer cuyo marido se había muerto de cáncer me relató el modo en el que logró levantarse de nuevo. Tenía tres hijos y cuando su marido falleció, me explicó, se sentía totalmente perdida en cuanto a qué hacer. El impacto debe haber sido como si, de repente, la tierra hubiese dejado de girar. La profundidad del amor que sentía por sus niños fue lo que le permitió seguir adelante: “yo no puedo permitir que mis hijos pierdan las esperanzas,” se prometió a sí misma.

Aunque la familia no se encontraba tan mal desde el punto de vista financiero, ella comenzó a trabajar para una compañía constructora. Se mantuvo al frente del cuidado de su familia y se puso el desafío de dominar su nuevo trabajo. Mediante su trabajo se propuso demostrar, no sólo a sus hijos sino al resto del mundo, que su familia, de ninguna manera, sería derrotada por la tragedia.

La mayoría de las mujeres, por supuesto, trabajan porque tienen que hacerlo. Dados los difíciles momentos económicos que se están viviendo en el mundo entero, ha habido un aumento en el número de hogares en los cuales ellas tienen que salir a trabajar.

Nunca debemos olvidar que el trabajo es una actividad humana natural. Mientras trabajamos, el hecho de que nuestra mente se concentre, que nuestros nervios se fortalezcan y que nuestra voluntad se vea comprometida en las actividades que estamos llevando a cabo, puede ser realmente nuestra mayor protección contra el deterioro mental y físico producto del envejecimiento. Nos llenamos de más energía cuando ponemos la mirada en el dinamismo y en la vibración que forman parte de nuestra vida.

Pensar en el trabajo sólo como una manera para complementar el ingreso familiar puede causar resentimiento interno e infelicidad y también puede conducirnos a un callejón sin salida. Yo espero que usted pueda ver el trabajo como un medio para mejorar y como una manera de contribuir con el mundo. El trabajo debe considerarse una gran oportunidad para el crecimiento, no una carga. Si una mujer se convence de que su trabajo está reforzando el bienestar de la sociedad, yo estoy seguro que encontrará la verdadera liberación, es decir, su propia liberación como ser humano. Cuando una mujer comprende su propio valor y expande sus horizontes, puede servir de ejemplo de lo que es un nivel más alto de desarrollo, no sólo para las demás mujeres, sino para la sociedad en su conjunto.

Lamentablemente, pocos ajustes se hacen para cubrir las necesidades de las mujeres que trabajan fuera de sus hogares. Con frecuencia las oportunidades de trabajo que tiene una mujer la hacen sentir que está siendo discriminada pues se le asignan tareas menos importantes que a sus colegas masculinos. Si las mujeres se mantienen ignorantes de esta situación, o si se resignan a ella, los aspectos negativos de nuestro mundo dominado por los hombres seguirán inalterados. A pesar de las desfavorables condiciones reinantes, cada mujer debe desarrollar sus habilidades al máximo. Estos firmes esfuerzos serán lo que le harán ganar, con el tiempo, el reconocimiento y el respeto de la sociedad. Sólo entonces llegarán las mujeres a cambiar la sociedad. Y resulta indudable que el toque y el poder femenino son necesarios para convertir el áspero mundo de los hombres en uno más humano. Ni la mejor computadora puede reemplazar la apacible creatividad, el calor moderado o la bondad de una persona.

Cuando yo era joven aprendí que la palabra japonesa que significa trabajo quiere decir, literalmente, proporcionar comodidad y confort a los demás, y a juzgar por la experiencia que he vivido en mis encuentros con muchas personas, todo parece indicarme que los seres humanos más felices son los que hacen felices a los demás. Así  lo enseñan los sutras budistas, cuando usted encienda una lámpara para otras personas, su propio camino también se encenderá.

Poner en funcionamiento una casa y levantar a una familia requiere de enormes exigencias. Si a esto agregamos el trabajo fuera de la casa, nos encontramos con que cada uno de los días se vuelve un forcejeo titánico contra el tiempo. Después del agotamiento del trabajo, muchas mujeres tienen que apresurarse a llegar casa para satisfacer las necesidades de sus niños, prepararles la comida y llevar a cabo sus demás quehaceres domésticos. Con todas las responsabilidades que tienen las mujeres que trabajan fuera del hogar apenas puedo creer que alguna vez realmente puedan descansar, incluso mientras duermen. Sin embargo, en mi opinión, cuando uno está ocupado, nuestra mente y nuestro cuerpo se mantienen en forma, y si una persona es dos veces más activa de lo normal, puede también sentirse doblemente satisfecha y lograr el doble en la vida. En contraste, existe a veces el riesgo de que las mujeres que se pasan todo su tiempo en la casa, terminen angustiándose por asuntos triviales y hasta puede que nunca lleguen a sentir la satisfacción de haber ensanchado sus horizontes.

Podríamos comparar la vida de una madre que trabaja fuera de la casa con una bicicleta, en la que el trabajo y la familia son sus dos ruedas: el ciclista debe mantener ambas ruedas en equilibrio para atravesar un camino lleno de numerosos obstáculos. Para evitarlos, es preciso sostener firmemente el manubrio. En otras palabras, necesita una clara comprensión sobre la razón por la cual está trabajando. Ella sólo podrá aprender a dominar el ciclismo por ensayo y error: en momentos, pondrá demasiado peso en el trabajo, o demasiado poco, y hasta puede que, a veces, pierda el equilibrio. Pero aun así, tiene que mantenerse intentándolo y seguir adelante.

Los pequeños esfuerzos pueden ayudarnos a mantener este equilibrio. Una nota para los miembros de su familia en la cual les informa la hora en que usted llegará a casa o en la que les dice lo que tienen que hacer, vale tanto como mil palabras. Otras claves que yo he obtenido de mis conversaciones con muchas mujeres que trabajan fuera de la casa son: nunca mezclar los asuntos de trabajo con los asuntos de la familia, completar día a día, siempre que sea posible, las tareas que se tienen entre manos, ser una buena oyente, y ponerse metas específicas en cuanto a la carrera profesional.

Muchas de las madres que trabajan fuera del hogar se preocupan por el impacto que ejerce su profesión sobre sus niños. No obstante, según los estudios, el lapso de tiempo que una madre pasa con sus hijos no es tan importante como la profundidad de su amor y de la franca comunicación que existe entre ellos cuando están juntos. Un factor muy importante es que las mujeres tengan confianza plena en su manera de vivir. Los niños respetarán y confiarán en sus madres, de un modo natural, si ellas logran darles amor aunque estén muy ocupadas. De hecho, parece ser que la imagen de una madre que se esfuerza por cumplir las necesidades de su trabajo y las de su familia da origen a una actitud muy equilibrada en sus niños.

En este mundo fundamentalmente dominado por los hombres, se requiere de un mayor esfuerzo por parte de las mujeres del que se requiere por parte de los hombres. El papel de la mujer es en verdad exigente. Por una parte, los hombres necesitan de ellas por la calidez que para ellos es todavía tan incómodo expresar y, por la otra, la sociedad necesita su magnanimidad, sabiduría y sentido práctico de las cosas. Si las mujeres logran abrir sus vidas a una participación activa en la sociedad, el valor para ellas mismas y para toda la humanidad será inmensurable.

La vida y la Muerte

La muerte es algo de lo que nadie puede escapar. La muerte sigue a la vida con tanta seguridad como la noche sigue al día, el invierno sigue al otoño o la vejez sigue a la juventud. Las personas se preparan para no sufrir cuando les llegue el invierno; se preparan para no tener que sufrir en la vejez. ¡Pero pocos se preparan para la certeza aun mayor de la muerte!

La sociedad moderna ha alejado su mirada de este problema tan fundamental. Para la mayoría de las personas, la muerte es algo a temer, algo terrible o si no, sólo la ausencia de vida, algo hueco y vacío. Y la muerte ha llegado a ser considerada incluso como algo “antinatural.”

¿Qué es la muerte? ¿Qué ocurre con nosotros después de que morimos? Podemos intentar ignorar estas preguntas. Muchas personas lo hacen. Pero si ignoramos la muerte, creo que estaremos condenados a vivir una existencia poco profunda, a vivir insatisfechos, espiritualmente hablando. Puede que hasta nos convenzamos a nosotros mismos de que, de alguna manera, haremos una transacción con la muerte "cuando llegue el momento." Algunas personas se mantienen muy comprometidas en un sinfín de constantes tareas que le evitan pensar en los problemas fundamentales de la vida y la muerte. Pero en semejante estado mental, la alegría que sentimos es, en fin de cuentas, frágil y se encuentra ensombrecida por la presencia ineludible de muerte. Es mi firme creencia que enfrentar el problema de la muerte puede ayudar a traer verdadera estabilidad, paz y profundidad a nuestras vidas.

¿Qué es, entonces, la muerte? ¿Es sólo extinción, un retroceso hacia la nada? ¿O es la puerta hacia una nueva vida, una transformación en lugar de un fin? ¿Acaso es que la vida no es más que una fase fugaz de actividad precedida y seguida por la quietud y la no-existencia? ¿O será que tiene una continuidad más profunda, que persiste más allá de la muerte en alguna forma u otra?

Según el punto de vista budista, la idea de que nuestras vidas acaban con la muerte, es interpretada como una captación muy equivocada de la realidad. El budismo ve que todo en el universo, todo lo que ocurre en él, es parte de un inmenso tejido viviente de interconexiones. La energía vibrante que nosotros llamamos vida y que fluye a lo largo y ancho del universo no tiene principio ni final. La vida es un proceso continuo y dinámico de cambio. ¿Por qué, entonces, ha de ser la vida humana la única excepción?  ¿Por qué ha de ser nuestra existencia algo arbitrario, aislado y desconectado del ritmo universal de la vida?

Nosotros sabemos ahora que las estrellas y las galaxias nacen, viven lo que les corresponde por naturaleza vivir, y mueren. Lo que es aplicable a las inmensas realidades del universo es igualmente aplicable al reino en miniatura de nuestros cuerpos. Desde una perspectiva totalmente física, nuestros cuerpos están constituidos por los mismos materiales y compuestos químicos  que constituyen a las galaxias más distantes. En este sentido nosotros somos, literalmente, hijos de las estrellas.

Un cuerpo humano consta de unos sesenta billones de células individualizadas y la vida es la fuerza inherente que armoniza el infinitamente complejo funcionamiento de este arrebatador número de células. A cada momento, enormes cantidades de estas células mueren y son reemplazadas por el nacimiento de otras. A este nivel, cada uno de nosotros está experimentando día a día los ciclos de nacimiento y muerte.

En términos muy prácticos, la muerte es necesaria. Si las personas vivieran para siempre, tarde o temprano empezarían a anhelar la muerte. Sin la muerte, enfrentaríamos gran cantidad de nuevos problemas, desde la superpoblación hasta el hecho de que las personas tuvieran que vivir para siempre en cuerpos avejentados. La muerte hace espacio para la renovación y la regeneración.

La muerte debe, por consiguiente, agradecerse tanto como se agradece la vida, como una bendición. El budismo ve la muerte como un período de descanso, como un sueño a partir del cual la vida recobra energía y se prepara para nuevos ciclos de existencia. No hay ninguna razón para temerle a la muerte, para odiarla o para buscar desterrarla de nuestras mentes.

La muerte no discrimina, nos despoja de todo. La fama, la riqueza y el poder son todos inútiles en los solemnes momentos finales de la vida. Cuando el momento llega, en lo único que podemos confiar es en nosotros mismos. Ésta es una confrontación imponente ante la cual nos presentamos con la sola armadura de nuestra cruda humanidad, del registro real de lo que hemos hecho, de cómo hemos escogido vivir nuestras vidas. "¿He sido fiel a mí mismo? ¿Qué contribución he aportado yo al mundo? ¿Cuáles son mis satisfacciones o pesares?"

Para morir bien, uno tiene que haber vivido bien. Para quienes han vivido fieles a sus convicciones, para quienes han trabajado por llevar felicidad a los demás, la muerte puede venir como un placentero descanso, como un sueño bien ganado después de un día de agradable ejercicio.
Yo me sentí muy impresionado cuando supe sobre la actitud que  asumió mi amigo David Norton, al confrontar su propia muerte, hace algunos años.

Cuando sólo tenía diecisiete años, el joven David era un bombero paracaidista voluntario que se lanzaba en las áreas inaccesibles con el fin de cortar árboles y excavar trincheras para impedir que los fuegos se extendieran. Él hacía esto, decía él, para aprender a enfrentar sus propio miedos.

Cuando tenía alrededor de sesenta y cinco años, le fue diagnosticado un cáncer avanzado y enfrentó la muerte con actitud de avance hasta encontrar que el dolor no lo derrotaría. Tampoco encontró él que la muerte fuese una experiencia solitaria. Según su esposa, Mary, rodeado por todos sus amigos, su marido enfrentó la muerte sin miedo, y se refería a ella como: "otra aventura; el mismo tipo de prueba que se enfrentan ante un fuego en el bosque."

"Yo supongo que lo primero sobre semejante aventura," dijo Mary, "es que es una oportunidad en la que uno puede desafiarse a sí mismo. Es salirse de situaciones que son cómodas, en las que uno sabe lo que está ocurriendo y en las que uno no tiene nada de qué preocuparse. Es una oportunidad para crecer. Es una oportunidad para uno transformarse a sí mismo en lo que uno necesita ser. Pero es algo que se debe enfrentar sin miedo."

El estar consciente de la muerte nos permite vivir cada día y cada momento lleno de agradecimiento hacia la incomparable oportunidad que tenemos de crear algo durante nuestra estadía en la Tierra. Creo que para disfrutar verdadera felicidad debemos vivir cada momento como si fuese el último. El presente nunca volverá. Podemos hablar del pasado o del futuro, pero la única realidad que tenemos es este momento presente. Y el confrontar la realidad de la muerte realmente nos permite generar creatividad ilimitada, valor y alegría en cada momento que vivimos.

 

Como enfrentar las pérdidas

El dolor de la partida de los seres queridos es uno de los sufrimientos inevitables de la vida

La impermanencia de la vida es un hecho del que no se puede escapar. No obstante, mientras una cosa es saber en teoría, el que cada momento de nuestra vida puede ser el último, es mucho más difícil en realidad vivir y actuar en un nivel práctico, basado en esa creencia. Muchos de nosotros tendemos a imaginar que siempre habrá otra oportunidad de encontrarnos y hablar con nuestros amigos y parientes, de modo que no importa si algunas cosas quedan sin decirse.

Cada vez que tengo la oportunidad de conocer a alguien, trato de dar lo mejor de mí, ya que ese puede ser nuestro último encuentro. Nunca doy cabida a lamentaciones, esforzándome en concentrar todo mi ser en cada momento.

El budismo identifica el dolor de la partida de los seres amados como uno de los sufrimientos inevitables de la vida. Es una verdad que no podemos evitar experimentar la tristeza por una separación.

Sakyamuni, el Buda que vivió en la India hace más de dos mil años, perdió a su madre cuando apenas tenía una semana de nacido. Mientras crecía, constantemente se preguntaba: “¿Por qué mi madre murió?, ¿Dónde se fue?, ¿Dónde puedo ir para encontrarme con ella?, ¿Qué es esta cosa llamada “muerte” que me quitó a mi madre?, ¿Qué es la vida?”

La tristeza por la pérdida de su madre, se convirtió en un poderoso recurso que le permitió desarrollar una profunda misericordia por otros y buscar la verdad de la vida.

Un día conoció a una madre cuyo hijo había muerto; ella estaba vagando con una mirada de dolor con el pequeño cuerpo aferrado al de ella: “Por favor dame alguna medicina para salvar a mi niño” le imploró a Sakyamuni con sus ojos llorosos.

Él de alguna manera quería infundirle valor a ella, le propuso que fuera por algunas semillas de amapola para que pudiera hacer la medicina, pero que sólo las buscara en casa de familias que nunca hubiesen experimentado la pérdida de un ser querido.

La mujer corrió al pueblo y buscó las semillas en cada casa de familia. Pero a pesar de que muchas tenían las semillas de amapola, no había ni un solo hogar en el cual no hubiese habido una muerte. Esta perturbada madre gradualmente comenzó a darse cuenta de que cada familia vivía con la tristeza de la pérdida de seres queridos oculta en sus corazones gracias a esta experiencia ella entendió que no estaba sola en sus sentimientos de dolor.

Probablemente ninguna palabra puede reconfortar el corazón de una madre que ha perdido a su hijo. Alguien con verdadera sabiduría, al conocer a una mujer cuyo hijo ha muerto, simplemente debe sentarse a su lado y quedarse allí sin decir ni una sola palabra. Aun cuando no haya intercambio de palabras, esas cálidas vibraciones de afecto y solidaridad desde lo más profundo de la vida de esa persona, serán percibidas.

Desde el punto de vista budista, los vínculos que unen a las personas no son de esta existencia nada más. Debido a que los que han muerto viven dentro de nosotros, nuestra felicidad está compartida de forma natural con ellos. Lo más importante para los que estamos vivos en este momento, es vivir con esperanza y esforzarnos para se felices.

Al lograr nuestra propia felicidad podemos enviar “ondas” invisibles de felicidad a todos aquellos que han fallecido. Pero si nos permitimos agobiarnos por la tristeza, el difunto también sentirá esta tristeza, porque somos inseparables.

Cuando conocí a Sonia Ghandi, viuda del Primer Ministro de la India Rajiv Ghandi, no mucho tiempo después de la trágica muerte de su esposo, le dije: “Las vidas de aquellos que han sufrido las más grandes tragedias resplandecen con el más grandiosos brillo. Por favor cambie su destino en una fuente de gran valor. Si usted está triste, su esposo se afligirá con usted. Si usted se levanta con una sonrisa, su esposo estará feliz también”. Me siento muy contento de decir eso con gran coraje y ver que ahora ella está continuando la labor  de su marido.

Cuando uno se enfrenta a una gran tragedia, pierde la dirección de su vida, tiene que decidir si mantener su espíritu y continuar viviendo con toda su fuerza o dejarse derrumbar por la decepción.

Existen muchos ejemplos donde las personas que han perdido a su madre o padre a temprana edad han logrado grandes cosas. Mi amigo Oswald Mbuyiseni Mtshali, un famoso poeta surafricano, una vez me dijo que el primer poema que escribió fue a su madre. Él dijo: “La muerte de mi madre fue un gran impacto para mí, tan grande que casi no me pude recuperar de él. Me tomó mucho tiempo superarlo. Pero eventualmente yo notaba algo: que cualquier fuerza que yo tenía me la había dado mi madre. Las palabras de mi madre permanecían vivas en mí. Mi madre vivía dentro de mí. Cuando me di cuenta de ello, un poema para mi madre surgió espontáneamente desde lo más profundo de mi corazón”.

Luchando para sobreponernos a la pena y tristeza que acompaña a la muerte, nos hacemos más conscientes de la dignidad de la vida y compartimos el sufrimiento de otros como el nuestro propio.

La biblioteca de la universidad de Harvard fue donada por una mujer que perdió a su hijo en el trágico hundimiento del Titanic. en 1912. Su hijo,  Harry Elkins Widener, quien murió a la edad de 27 años, era egresado de Harvard, tenía pasión por la lectura y había coleccionado muchos libros. Él había hecho un viaje de compra de libros cuando abordó el Titanic, junto con su padre y su madre.

Harry era un hijo adorable para su madre, un joven galante y heroico. Viendo a su madre a salvo en el bote salvavidas, se quedó atrás con su padre en el barco que se hundía. Su colección de más de tres mil valiosos libros fue donada a la universidad, pero no había lugar donde ponerlos. Esto impulsó a su madre a donar grandes cantidades de dinero a fin de que se pudiera construir una biblioteca. Más allá de esta tragedia, vino un invalorable regalo para innumerables estudiantes.

Aquellos que pueden superar el dolor y continuar viviendo con fuerza y coraje, merecen respeto. Yo admiro mucho a alguien que pueda superar sus propios sufrimientos y seguir adelante para dejar tras de sí  algo de valor para las generaciones futuras.


Un maestro inolvidable

Deseaba desesperadamente liberar a los niños del sistema de enseñanza japonés basado en el aprendizaje mecánico, el cual inhibía su individualidad.

El educador japonés Tsunesaburo Makiguchi, pionero en su área y fundador de la Soka Gakkai (Sociedad Budista para la Creación de Valor), sobrepasó muchas dificultades para poder estudiar.

Nació en 1870 en una pequeña villa costera y a menudo tenía que ayudar en el negocio familiar. En los días más laboriosos, no podía ir a la escuela y en ocasiones tenía que faltar a clases por varios días seguidos. Pero él siempre le preguntaba a un amigo sobre la lección del día. Y si su amigo tenía que ayudar a su vez en el negocio de su familia, Makiguchi le decía: “yo haré tu trabajo, si tú me dices lo que aprendiste hoy en la escuela”. Él hacia la parte del trabajo que le correspondía a su amigo y lo esperaba en la playa a que regresara del colegio.

Se sentaban, y usando la arena como pizarrón, repasaban la lección del día hasta que el sol se ponía. Esta experiencia lo dejó extremadamente consciente de los problemas que enfrentaban sus estudiantes más pobres, una vez que él mismo se convirtió en maestro de la escuela primaria.

En determinada ocasión, siendo director de una escuela en una zona muy pobre, sentía gran preocupación por aquellos niños cuyas familias no podían proveerles sus almuerzos, por lo que él se ocupaba de alimentarlos. Pero su preocupación iba más allá del bienestar físico de los niños. Para preservar su sentido de dignidad, él dejaba los almuerzos en un cuarto donde los estudiantes necesitados podían recogerlos sin atraer la atención de los demás.

La experiencia inicial de Makiguchi como maestro fue en una remota región rural donde enseño en una casa-escuela de una sola habitación. Los niños eran pobres y las costumbres que traían de sus empobrecidos hogares eran toscas. Pero Makiguchi era insistente: “Desde el punto de vista de la educación, ¿qué diferencia puede haber entre éstos y otros estudiantes?. Aún cuando ellos pudieran estar cubiertos de polvo o suciedad, la brillante luz de la vida brota de sus sucias ropas. ¿Por qué nadie trata de ver esto?. El único que puede defenderlos de la cruel discriminación de la sociedad es el maestro”.

Deseaba desesperadamente liberar a los niños del sistema de enseñanza japonés basado en el aprendizaje mecánico, el cual inhibía su individualidad. Él creía que la educación nunca debía forzarse y la veía como un medio para iluminar a tanta gente como fuera posible, proveyéndolos con la llave para penetrar por sí mismos el tesoro de su sabiduría.

A partir de su propia experiencia práctica en el aula, Makiguchi desarrolló su teoría Educación para la Creación de Valores. Para él, el propósito de la educación era la felicidad y la esencia de ésta radicaba en la Creación de Valor - Soka en japonés. Definió el concepto de valor basándose en tres categorías: belleza, ganancia o beneficio y bien social. Como educador, veía su trabajo como la capacitación de la gente joven para crear este tipo de valores por sí mismos.
Algunas veces, la teoría educativa de Makiguchi era criticada por ser demasiado realista. Él replicaba: “Eso es apenas algo natural, debido a que los métodos de enseñanza que yo sigo provienen de las dificultades que yo mismo tuve que enfrentar en el salón de clases. La mía no es la teoría débil de un académico encerrado en su oficina”.

Desafortunadamente, su enfoque humanista contradijo la visión del sistema educativo japonés. De hecho, en aquellos días, era común para directores y maestros brindar especial atención a los niños de familias prominentes, visitarlos y ofrecerles sus respetos. Makiguchi se rehusó a seguir estas prácticas corruptas y desanimaba fuertemente a otros maestros a seguirlas. Como resultado, aun cuando era extremadamente popular entre sus estudiantes, era transferido de una escuela a otra. Finalmente, fue forzado a dejar su condición de maestro activo.

Para ese momento, el sistema educativo de Japón estaba enfocado únicamente hacia la formación de sujetos serviles y obedientes a los intereses del estado, en lugar de formar individuos capaces de emitir juicios y pensamientos independientes. Mientras toda la nación japonesa avanzaba hacia el nacionalismo, Makiguchi incitaba a sus estudiantes a que dedicaran sus vidas al logro de la paz duradera en el mundo entero.

En abril de 1938, coincidiendo con la aprobación de la Ley Nacional de Movilización, la cual alistaba a todos los ciudadanos para trabajar en pos del empeño que Japón depositaba en la guerra, Makiguchi impartió una serie de conferencias sobre ética. Para el examen final del curso, Makiguchi sólo hizo una pregunta: “¿Cuál es el propósito de la vida?”.

De las posibles calificaciones “excelente”, “bien” o “regular”, todos los estudiantes obtuvieron un “bien”. Ninguno recibió la calificación de “excelente”. Cuando le pidieron que explicara el por qué de estos resultados, Makiguchi aparentemente remarcó muy decepcionado: “Porque no hubo ni una sola persona que mencionara la paz mundial en su respuesta”.

Quizá era inevitable que Makiguchi experimentara conflictos con las autoridades. Aun cuando Japón se volvía un país cada vez más militarizado y fascista que invadía e imponía un sufrimiento indescriptible a nuestros vecinos asiáticos, él continuó proclamando sus ideas. Mi esposa, cuya familia fue de las primeras que formó parte de la sociedad de educadores Soka Gakkai fundada por Makiguchi, recuerda claramente cómo él asistió a una reunión efectuada en su casa. Aun en presencia de la temida policía secreta, quien lo interrumpía cuando sus palabras se tornaban muy provocativas, él continuaba hablando a favor de la paz y la justicia. Su coraje  dejó una fuerte impresión en mi esposa.

En julio de 1943, fueron arrestados  Makiguchi, Josei Toda -su más fiel defensor y mi propio maestro-  y otros líderes de la Soka Gakkai. Makiguchi fue acusado de violar la ley  de la preservación de la Paz, así como de no mostrar el debido respeto al emperador. Aun bajo el interrogatorio más implacable, se rehusó a comprometer sus creencias. Él expresó su fe budista a través de la igualdad humana y su crítica al empeño de Japón por la guerra, denominándolo “un desastre nacional”. El 18 de noviembre de 1944, murió en el Centro de Detención de Tokio, a la edad de 73 años.

Pero sus sueños continúan vivos hoy en día. Él confió a Toda el objetivo de crear un sistema escolar en el cual su filosofía educativa pudiera ponerse en práctica. En la actualidad el sistema escolar Soka ha sido establecido en Japón, incluyendo escuelas en Hong Kong, Singapur y Malasia y una universidad en los Estados Unidos. Este sistema abarca desde el jardín de infancia hasta el nivel universitario. La obra de Makiguchi Educación para una Vida Creativa ha sido traducida a cuatro idiomas. Tanto en Brasil como en Estados Unidos varias escuelas importantes han incorporado las ideas del señor Makiguchi a sus métodos de enseñanza, y en todos los casos se han obtenido resultados extraordinarios.

La prioridad de Makiguchi siempre fue la gente, los seres humanos individuales. Makiguchi le pedía a la gente una y otra vez que se hicieran sabios, que despertaran, que encontraran coraje y unieran fuerzas. Sostenía que a medida que cada uno de nosotros nos desarrollamos y elevamos nuestra condición de vida de un estado de dependencia a uno de autoconfianza y posteriormente, a uno de contribución con los demás, seremos capaces de manifestar nuestro brillo como seres humanos al máximo.


Alguien en quien confiar

Tuve la suficiente buena fortuna de encontrar en Josei Toda este tipo de maestro en extremo sobresaliente y talentoso. Él era alguien en quien yo podía depositar toda mi confianza.
Algunas veces un solo encuentro puede cambiar el curso de nuestra vida. Mi reunión con Josei Toda en agosto de 1947 fue así.
Era una tarde húmeda y cálida. Tokio aún lucía frescas las cicatrices de la guerra. Como un vasto terraplén quemado, en el desolado paisaje había, esparcidas, rudimentarias barracas y viejos refugios antiaéreos.

Eran tiempos de cruel escasez económica y de confusión.
Nuestros maestros de escuela, quienes habían hablado con tanta pasión sobre la grandeza del Emperador, de repente comenzaron a alabar la grandeza de la democracia. Parecía como si no quedase nada en lo que valiera la pena creer.

En un ambiente así, resultaba esencial encontrar algo a qué aferrarse. Me uní a un grupo de unos veinte jóvenes de mi vecindario que formaron un círculo de lectores, en una búsqueda desesperada de respuestas en la literatura y en la filosofía y juntos tratamos de encontrar algún tipo de significado o dirección para nuestras vidas.

Cada uno traía cualquier libro que se hubiera salvado de las llamas, y con eso alimentábamos nuestra hambre por la palabra escrita. Compartíamos nuestras impresiones en discusiones y debates sin fin.
Habiendo sido tan viciosamente traicionados por los líderes militaristas japoneses, sentíamos que no había nada ni nadie en quién confiar. Si existiese alguien digno de confianza, sólo podría ser quien se hubiese opuesto a la guerra, aun teniendo que ir a prisión por ello.

Un día, un viejo amigo me invitó a una reunión sobre la “filosofía de la vida” en un hogar cercano. Mi curiosidad chispeó, me puse en camino hacia la reunión.
Al llegar vi a un hombre cuarentón. Su voz era más bien ronca, pero daba la impresión de estar completamente sereno. Los gruesos cristales de sus anteojos captaban la luz. Al principio, no pude comprender lo que estaba diciendo, algo acerca del budismo. Pero luego también hizo penetrantes comentarios sobre diferentes temas, desde las cuestiones candentes de la vida diaria hasta política contemporánea.

Estaba claro que este no era un sermón religioso tradicional, ni era una disertación sobre filosofía. Sus palabras eran concretas y estaba utilizando eventos y ejemplos comunes para explicar verdades profundas. La habitación estaba llena de personas con ropas andrajosas, pero había un aire de energía e inspiración.
El Sr. Toda era distinto a cualquiera que yo hubiese conocido anteriormente. Hablaba en un lenguaje simple, casi tosco, y sin embargo irradiaba calidez. Resultó extraño, pero sentí que de alguna manera lo conocía, que era un viejo amigo.
Cuando hubo finalizado su alocución, el amigo que me había traído nos presentó. Él me miró intensamente con sus ojos brillando tras los lentes. Soltó una sonrisa cálida de bienvenida y al tiempo preguntó:
“Bien, ¿Cuántos años tienes ahora?”
“Diecinueve”, respondí, impulsado por una extraña sensación de familiaridad. Él dijo con nostalgia que esa era la edad que tenía cuando vino por primera vez a Tokio.
Me hallé a mí mismo interrogándolo sobre cosas acerca de la naturaleza de la vida y de la sociedad que me habían estado molestando.

Sus respuestas fueron completamente francas y directas, lo cual sugiere la presencia de una mente muy aguda. Por primera vez en mi vida sentí que la verdad estaba muy cerca, al alcance de la mano. Él irradiaba convicción. Cuando me enteré que había estado dos años en prisión por oponerse a la guerra de agresión japonesa, manteniéndose fiel a sus creencias en medio de todo, supe que éste era alguien en quién podía depositar toda mi confianza.

Mi casual encuentro con el Sr. Toda resultó ser un momento decisivo en mi vida. Diez días después me convertí en miembro de la Soka Gakkai, la organización budista dedicada a llevar un mensaje práctico de esperanza y autopotenciación a la gente común que guiaba Toda. La organización casi había sido aplastada por la opresión castrense durante la guerra.

También comencé a trabajar en la compañía editora de Toda, desde enero de 1949. El trabajo era arduo y las horas pasaban lentamente. Sacudida por la guerra y la derrota, la economía de Japón estaba caracterizada por feroces olas de inflación. El efecto era devastador para una compañía pequeña.
“Puedo haber sido derrotado en los negocios, pero no he perdido en la vida”, decía él, a medida que muchos de sus colegas originales lo abandonaban. Nunca olvidaré el sonido de su voz entonces, parecía provenir de las profundidades de su vida.

Dedicó pacientemente todo su esfuerzo a animar a los hombres y mujeres que estaban luchando por reconstruir sus vidas con la ayuda del budismo. Yo sé que hay decenas de miles de personas que fueron personalmente estimuladas por él, y quienes encontraron la fuerza para enfrentar las dificultades que parecían bloquear su camino.

Aunque mi salud y mi economía personal estaban al borde del colapso, nunca abandoné a mi mentor; había decidido que le acompañaría hasta las profundidades del infierno, de ser necesario.
En vista de que no pude continuar mis estudios formales, el Sr. Toda se ofreció para enseñarme todo lo que sabía. Fue mi tutor personal; nuestras sesiones unipersonales de estudio continuaron por los siguientes diez años.
Con paciencia me instruyó sobre leyes, política, economía, física y química, astronomía y los clásicos chinos, y siempre estaba inquiriéndome sobre lo que había leído. Me animó a convertirme en inspiración para quienes no tienen la posibilidad de asistir a la escuela.

Es obvio que he olvidado los puntos específicos que aprendí. Pero los elementos esenciales — hábitos de pensamiento diarios, cómo ver las cosas y juzgarlas— han permanecido conmigo, grabados, como fue el caso, con fuego en el fondo de mi cerebro. Él nunca ofreció simplemente conocimientos, sino que siempre hacía énfasis en los procesos, con la intención de desarrollar mi comprensión acerca de cómo algo llegaba a ser de la forma que era.

Sólo un maestro verdadero y dotado por la naturaleza es capaz de ofrecer el tipo de educación que desarrolla el carácter de un individuo. Tuve la suficiente buena fortuna de encontrar en Josei Toda este tipo de maestro en extremo sobresaliente y talentoso.
Eran tiempos difíciles, y el camino hacia la creación de un movimiento de la gente por la paz estaba lleno de dificultades. Pero la fortaleza y comprensión que desarrollé al trabajar hombro a hombro con este gran hombre me ha sostenido en todo lo que he realizado desde entonces.
Llevo la fotografía de Toda conmigo en todo momento y me gusta sentir que él está siempre en mi corazón, como un padre estricto pero amoroso, observando todo lo que hago. Con cada año que pasa mi sensación de aprecio y gratitud hacia él sólo se profundiza.


Un hombre de visión

Josei Toda vio más allá de las fronteras nacionales
y visualizó la unidad de la familia humana

En la tarde del 3 de julio de 1945, tres personas que estaban de pie detrás de las rejas de la prisión de Toyotama esperaban. Sus caras reflejaban ansiedad y expectativa. En el crepúsculo triste de la calle abandonada, la alta pared de concreto de la prisión amenazaba ominosamente.

Un hombre alto, delgado, en sus cuarenta años apareció por una pequeña reja lateral. Era Josei Toda, un hombre destinado a representar un papel importante en la historia del Japón de posguerra, pero una figura insignificante en ese momento. Llevaba consigo un atado de trapos. Sin embargo, delgado y extenuado, estaba erguido y detrás de los gruesos lentes, sus ojos estaban alertas y penetrantes. Cuando empezó a alejarse, las tres personas que esperaban lo vieron y lo llamaron emocionados.

Cuando fue a casa con su esposa y su familia, Toda pensó en las largas épocas donde la paz y la felicidad habían sido la aspiración universal de la humanidad y cómo estas esperanzas siempre habían sido golpeadas por la guerra. En su corazón supo que la guerra siempre es maligna, no importa cuál sea su causa; siempre trae consigo inevitablemente destrucción y calamidad.

Toda era libre ahora. La muerte de su mentor, Tsunesaburo Makiguchi, quien había sido encarcelado dos años antes al mismo tiempo que él, lo había abatido profundamente, pero no estaba derrotado, sabía que tenía un gran trabajo por delante. Su propio encarcelamiento y la muerte de Makiguchi lo  determinaron a luchar, no contra el ejército, sino contra la crueldad y la opresión que había costado incontables vidas llevando a Asia y a Japón al borde del desastre total.

En una nación sin filosofía o convicción religiosa, Toda destacaba como un risco sobresaliente. Aquí había alguien que, a pesar de su encarcelamiento por oponerse al régimen japonés en tiempos de guerra, había mantenido su fe y sus convicciones religiosas habían sido profundizadas por su experiencia en prisión. Toda vio con horror la buena voluntad del pueblo japonés en seguir los caprichos de aquellos en el poder durante la guerra. Sentían que a menos que se diera un cambio fundamental dentro del corazón de las personas, a menos que la gente se volviera poderosa y suficientemente sabia para percibir la futilidad de la guerra, la historia se repetiría.

Todavía recuerdo las palabras de Toda sobre su visión de un mundo nuevo y esperanzador:
“Nosotros tenemos que provocar una gran revolución. Ésta no es una revolución que se logrará a través de la fuerza de las armas o del poder. Tenemos que provocar una Revolución Humana, una revolución sin sangre, pacífica, en la que todos ganamos y no hay víctimas. Ésta es una verdadera revolución”.  Lo que él llamó Revolución Humana es el proceso interno de auto reforma que capacita al más débil e incluso a la mayoría de los miembros vulnerables de la sociedad para desarrollar la fortaleza para reconstruir sus vidas y tomar el mando de su propio destino.

Toda vio la necesidad de una nueva filosofía que haría a los seres humanos los amos y a la ideología la esclava, y no al contrario.

Aunque Japón se había vuelto una democracia de nombre después de la guerra, esta democracia era un “regalo” de las fuerzas de ocupación, no algo que había conquistado el pueblo  por si mismo. Sólo las reformas estructurales no son suficientes  para provocar cambios duraderos, esto será posible cuanto todos  los seres humanos decidan entre crear un mundo de coexistencia pacífica o propagar las semillas de la guerra y la destrucción. A menos que la reforma provenga de lo profundo de nuestro interior, será superficial y no podrá sostenerse.

Esta es la razón por la que al final de la guerra, Toda se dedicó inmediatamente a la tarea de llevar esperanza y autofortalecimiento a las personas comunes que sufrían de extrema desesperación y pobreza. Su amor para las personas estaba basado en su profunda creencia del potencial ilimitado de ellas.

Sus palabras inspiraron de forma natural atrayendo a los más débiles y oprimidos de la sociedad japonesa. La Soka Gakkai, organización que liderizó, fue ridiculizada a menudo  como una recolectora de pobres y enfermos. Y él estaba muy orgulloso de eso.

Toda se volvió el líder del movimiento religioso de más rápido crecimiento en Japón. A menudo las personas lo etiquetaron como organizador carismático y experimentado y a sus seguidores como débiles y obedientes. Por el contrario, él era completamente accesible y de muchas maneras muy llano. Las personas se sentían atraídas hacia Toda debido a su misericordia y al cuidado sincero por la felicidad de todos ellos. Su sabiduría les dio coraje y les proporcionó las soluciones prácticas a los problemas inmediatos de su realidad.

Inicialmente, en cuanto a mí, no tenía interés en entender el Budismo, pero me atrajeron las cualidades personales de Toda: su calidez, coraje y fortaleza.

Él despreció el elitismo. Tenía un ingenio muy agudo y con frecuencia dejaba volar sus chistes. Tenía una risa sonora y disfrutaba beber. Pero nunca perdió el control o erró en su juicio. Cuando un problema importante llamaba su atención, intervenía  con rapidez dando claras directrices. Tenía la habilidad de ver a través de las decepciones y odiaba la lisonja vacía, especialmente viniendo de la gente joven.

Era un hombre de visión, trascendió las fronteras nacionales y visualizó la unidad de la familia humana. Fue un raro visionario que invocaba el surgimiento del ciudadano global en medio de la guerra fría. De él heredé la visión de una ciudadanía mundial que es el centro de la labor por la paz de nuestra organización.

Lamentando profundamente el sufrimiento impuesto en otras naciones de Asia por los japoneses durante la guerra, se determinó a ver la luz de la paz, la esperanza y la felicidad en todas las personas de Asia. Estaba convencido de que Japón podría ser considerado una nación de paz, sólo en la magnitud de la verdadera confianza de sus vecinos asiáticos.

Lo que se esforzó por lograr no fue necesariamente apreciado por las personas de su época. Sin embargo, hoy sus sueños y visión se mantienen vivos y se han puesto en práctica por sus seguidores en 128 países alrededor del mundo. En cuanto a mí, no existe mayor orgullo que poder transitar sus pasos y llevar a cabo la visión de este gran hombre.


Quien sirve a quien

El liderazgo es ahora una cuestión de servicio, no de control

Hace mucho tiempo en los Estados Unidos, una larga fila de pasajeros estaba esperando para abordar un buque a vapor. Entonces un hombre, quien ignoró la línea de espera, se adelantó y abordó el barco. Era evidente que sentía que éste era su derecho.

Los otros pasajeros gritaron: “¿Quién piensa usted que es?” Él contestó despectivamente “Yo soy un congresante. Soy representante del pueblo”. Desde atrás los pasajeros gritaron: “¿Y eso qué? ¡Nosotros somos el pueblo!” Desde luego, tuvo que bajarse del barco e irse al final de la fila.

Tristemente, tales líderes a menudo se vuelven orgullosos y piensan que son poderosos por derecho. Se olvidan del punto más básico que sin las personas, y su apoyo, no serían líderes en lo absoluto.

En general hay dos enfoques sobre lo que debe ser un líder en la esfera política o dentro de una compañía  u organización. El primero es lograr que la gente se torne sabia. El segundo es mantenerlos en la ignorancia. Esta es la diferencia entre el verdadero liderazgo y la dictadura.

Un verdadero líder no se coloca por encima de otros, mirando hacia abajo y pensando que son especiales. Los verdaderos y grandes líderes sienten respeto sincero  para con las personas que están llevando vidas honradas y trabajadoras y la humildad y mente abierta para aprender de todos.

El ideal de liderazgo hoy está cambiando rápidamente. La edad de “Las órdenes arriba y la obediencia abajo” llegó a su fin. Las personas se resisten a las órdenes y dictámenes como por instinto. Las cosas suceden de abajo hacia arriba y hacia adelante. Hoy, la tarea principal de un líder es propiciar la comunicación y crear unidad, entusiasmo y cooperación entre los miembros de un equipo. El liderazgo es ahora una cuestión de servicio, no de control.

Un reciente libro plantea las imágenes de una manada de búfalos para describir un estilo anticuado de liderazgo. En una manada de búfalos, todos los individuos en el grupo siguen al búfalo guía; van donde él quiere ir y esperan por las instrucciones del líder.

El autor del libro propone un modelo mejor basado en una bandada de gansos. Una bandada de gansos vuela en formación “V” y el líder cambia su turno con los otros gansos. En este modelo todos asumen responsabilidad, son iguales y trabajan juntos para lograr un objetivo en común.

Una vez le pregunté a un piloto de aerolínea: “¿Cómo convertir a un piloto en un buen capitán?” Él enfatizó la habilidad de mantener a un grupo grande de personas trabajando juntas y creando un sentido de unión; dijo también que algunos capitanes pueden pensar que es impertinente verificar el trabajo de su tripulación demasiado de cerca, y a veces la tripulación puede notar que algo no marcha bien, pero decide no molestar al capitán, y como resultado, ocurren graves accidentes. Sólo si cada persona tiene el mismo sentido de responsabilidad personal como el capitán, él puede sentirse seguro de un buen aterrizaje.

Un verdadero líder siempre está devanándose el cerebro, planeando todo de forma que todos puedan disfrutar su trabajo y dedicarse tranquilamente a sus tareas.

Hoy en día lo más importante es si los líderes poseen verdadera integridad y fortaleza de carácter, en lugar de la cantidad de conocimientos específicos o destrezas que tengan en un área particular. Las personas no siguen a alguien que no pueden respetar.

Hace tiempo, la Liga Iroquesa, una confederación de cinco naciones indígenas en lo que es ahora los Estados Unidos, adoptaron una constitución conocida como la “Gran Ley de Paz” la cual enumera las cualidades requeridas a los líderes:

Los jefes de la Liga de Cinco Naciones serán los mentores de la gente todo el tiempo. El espesor de su piel será de siete palmos, lo que quiere decir que será a prueba de enojo, acciones ofensivas y críticas.

Sus corazones estarán llenos de paz y de buena voluntad, y su mente llena de anhelos por el bienestar de las personas de la liga. Con paciencia interminable, llevarán a cabo su deber. Su firmeza se templará con ternura por las personas. Ningún enojo ni furia encontrará alojamiento en sus mentes y todas sus palabras y acciones estarán marcadas por la tranquila deliberación.

Según un historiador, cuando los nativos norteamericanos se reunían en grupo, tenían claro inmediatamente quién era el líder. ¿Por qué? Ciertamente no era porque él estuviera dándose ínfulas. De hecho, el jefe era el más modesto.

Un líder moderno que he conocido y me impresionó, era el anterior primer ministro sueco Ingvar Carlsson. Aún después de haber sido elegido primer ministro, continuó tomando el autobús para ir a trabajar. No importaba todo lo cansado que pudiera estar, se negaba a usar taxis o los automóviles oficiales. Cuando atendía a invitados el señor Carlsson solicitaba autorización al departamento de contabilidad para obtener el desembolso.

Me dijo que uno de sus principios guías era que un líder político nunca debe pedir a otros lo que él era incapaz de hacer. Como Carlsson, los líderes deben ser aquellos que están profundamente comprometidos con sus propios principios. El compromiso implica sinceridad y un sentido profundo de responsabilidad que nos permite extraer  nuestro coraje, sabiduría y energía. Es injusto esperar que otros trabajen por las metas en las que usted como líder no está haciendo un cien por ciento de esfuerzo.

El espíritu de un verdadero líder es ser estricto consigo mismo y gentil con otros. Parte de esta regla es esforzarse por crecer. Todos sufren cuando los líderes no crecen.

Los líderes de la Liga Iroquesa establecieron altos estándares sobre la base de sus propias pautas ancestrales: “Velen por el bienestar de todas las personas y siempre tengan no sólo el presente a la vista, sino  también las próximas generaciones, incluso aquellos cuyas caras están todavía bajo la superficie de la tierra, el nonato de la futura nación”.

Ellos sabían que los verdaderos líderes eran aquéllos con la visión y sabiduría de desarrollar enfoques a largo plazo, tomando en cuenta por encima de todo a aquellos que vendrían después de ellos.

 

La vida creativa

La Creatividad libera nuestra propia humanidad. Es la emoción, el placer de expresar nuestra  vida interior tal cual es

La creatividad es una parte natural de la vida. No es algo que está limitado a gente especial, o que sólo sucede en determinados sitios. Con seguridad, nadie encuentra el canto del pájaro como algo antinatural o amenazante. ¿Y quién no puede dejar de sentirse cautivado por la belleza de un límpido cielo azul o un árbol de cerezo en flor? Para mí, estos son ejemplos de nuestro amor natural por la belleza y definen el verdadero espíritu del arte y de la cultura.

A menudo la vida es difícil, tiene espinas como el tallo de una rosa. La cultura  florece de ese tallo. A veces parece que el mundo nos tratara como partes de una máquina y nosotros necesitamos algo que nos permita recobrar nuestra humanidad. Cada uno de nosotros tiene sentimientos reprimidos y acumulados en su interior: un grito callado que emana desde las profundidades de nuestra alma. El arte le da a esos sentimientos voz y forma. Libera nuestra  humanidad. Es la emoción, el placer de expresar nuestra vida interior tal cual es.

Mi amigo Oswaldo Pugliese, maestro del tango argentino, fue una persona que supo combinar la creatividad con una personalidad firmemente enraizada en la realidad. "Mis dedos son tan duros como mis uñas",  solía decir. "Soy sólo un carpintero que martilla sin descanso las teclas del piano."

El Sr. Pugliese nació en el centro de Buenos Aires, un vecindario en el que vivían apiñadas en edificios baratos las familias de immigrantes. Las personas eran cálidas y afectuosas y daban rienda suelta a la libre expresión de sus emociones.

Su papá era el flautista de una banda de tango. El tango es salvaje, sofisticado, humorístico, elegante, hermoso y feroz. Sus ritmos pulsan  lúgubres anhelos que no pueden ser expresados en palabras. Éste ritmo pulsaba en las venas del Sr. Pugliese. Después de un largo aprendizaje, presentándose en cines y cafés nocturnos, finalmente formó su propia banda de tango cuando tenía treinta y tres años. La banda trabajó persistentemente para crear sus propios sonidos, y fueron premiados con una explosiva popularidad. Mientras tanto, las orquestas que una vez habían sido populares y que se habían contentado con seguir pasivamente las tendencias de la época, se disolvían una tras otra.

El Sr. Pugliese le dijo una vez a los miembros de su orquesta: "Estamos navegando en un vasto océano de tango. Lo más importante es conocer las corrientes de ese océano que son las que nos llevarán al puerto de los corazones de la gente."

Creo que la gran música, como todo gran arte , tiene que venir del corazón. Si su mundo interior es débil, lo que usted puede crear será igualmente débil. La clave en la vida es sobrevivir y seguir viviendo no importa lo que pase. Una presentación musical será un fracaso, si los músicos abandonan y dejan de tocar en la mitad de la presentación. De esa manera será imposible "llegar" al corazón de la audiencia. La determinación de continuar hasta el fin es esencial tanto para la vida como para el arte.

El compositor italiano Giuseppe Verdi, al escribirle una carta a un joven que quería seguir la carrera artística, lo exhortó a no dejarse arrastrar ni por la crítica ni por la alabanza. Él continuó: " El artista debe mirar hacia el futuro,  ver nuevos mundos en medio del caos, y si al final de su larga travesía  puede divisar una luz diminuta, no debería temerle a la oscuridad que lo circunda. Hay que dejarlo seguir recto hacia adelante y si alguna vez tropieza y se cae, debe levantarse de nuevo y continuar su camino . Es igual que la vida. Debemos apretar los dientes y seguir caminando con coraje hacia la luz."

Este espíritu de total dedicación es la clave de la creatividad. Ciertamente, los momentos en los que siento que he hecho algo creativo,  son aquellos en los que me he lanzado con todo mi corazón a efectuar una tarea , y luego he seguido adelante sin descanso hasta verla concluida. En esos momentos siento que  he ganado en la lucha por engrandecer mi vida.

La expresión artística  es una exploración de nuestro mundo interior. Como escribió Thoreau: "Voltea tus ojos directo hacia adentro, si así lo haces, encontrarás miles de regiones que nunca han sido  descubiertas".

La creatividad significa empujar y abrir la pesada y quejumbrosa puerta de la vida. Esta no es una lucha fácil, de hecho, puede ser una de las tareas más difíciles en el mundo, un asunto de sudor y lágrimas. Porque abrir la puerta de nuestra propia vida  puede ser tan difícil como abrir la puerta de los misterios del universo.

Yo creo que el arte y la cultura enriquecen al individuo , a la vez que alcanzan, comunican y acercan a la gente. La cultura no conoce fronteras, trasciende las diferencias étnicas, ideológicas o nacionales. Nos toca como seres humanos, produciendo sentimientos de  plenitud y ampliando y abriendo el yo interior. Las vibraciones espirituales del artista, producen vibraciones similares en nuestros corazones. Esta es la esencia de la expresión artística.

Hay muchas formas de intercambio entre los países y las personas. Los intercambios políticos y económicos tienden a enfocar sólo  las ganancias y  el poder. Por eso es que siento que el intercambio cultural  es un elemento vital  para generar comprensión entre la gente de diversos países a un nivel básico. La forma más efectiva de comprender a las personas es a través de su cultura, gracias al contacto directo con los sonidos y las imágenes que los mueven profundamente. Estoy convencido  que la comprensión mutua que este tipo de intercambio genera, puede ser la base de una paz verdadera y duradera.

La Sra. María Teresa Escoda Roxas, directora del Centro Cultural de Filipinas, me comentó una vez que debido a sus horribles experiencias vividas durante la guerra, por mucho tiempo no pudo aceptar a los japoneses. Yo comprendí profundamente sus sentimientos. Los japoneses habían cometido terribles atrocidades  en contra de seres inocentes y sus padres habían sido asesinados por las fuerzas de ocupación japonesa. "Pero, me dijo, mis sentimientos cambiaron cuando acompañé a mi esposo  en un viaje de negocios a Japón y tuve contacto con las artes tradicionales de ese país. Llegué a amar el arte japonés, y gracias a eso, finalmente  abrí mi corazón a la gente del Japón. El arte puede llevarnos a trascender los límites del odio y del amor. La cultura es el lazo más fuerte que puede unir a los seres humanos".
Sus palabras me conmovieron profundamente.

Pienso que todas las personas tienen  un poder creativo ilimitado, y que si nosotros afirmamos ese poder y fortalecemos nuestros nexos como seres humanos, podemos definitivamente construir un mundo de paz. Liberar y desarrollar la capacidad humana de crear, es uno de los grandes retos que enfrentamos a la entrada del siglo XXI.


Valorar la diversidad

Aquellos que pueden disfrutar las diferencias y descubrir en ellas la belleza más grande y el mayor valor, son expertos en la vida.

La vida es diversa, los seres humanos son diversos. Ese es el modo natural en que opera la naturaleza.

Durante mi primera visita a los Estados Unidos, presencié un incidente en un parque de la localidad, donde un niño afro americano se iba corriendo humillado e iracundo, luego de haber sido excluido del juego por sus compañeros blancos. Puede que haya sido un pequeño e insignificante episodio, pero vislumbré que detrás del mismo se ocultaba el oscuro abismo del prejuicio. Este hecho me hizo reflexionar profundamente acerca del problema de la discriminación étnica.

Trágicamente, diferencias de cultura, nacionalidad o religión han sido usadas una y otra vez para dividir y clasificar a la gente en categorías, así como para discriminar a ciertos grupos. La historia ha sido testigo de las divisiones entre los miembros de la gran familia humana y de cómo éstos han sido conducidos de un interminable conflicto a otro.

Me parece que los Estados Unidos es el país con mayor diversidad cultural en el mundo, y por esa razón tiene el potencial de convertirse en una nación ideal, transformando la energía de culturas diferentes en un esfuerzo compartido de construcción. Los japoneses aún tenemos que aprender y crecer mucho al respecto. Los coreanos y otros asiáticos que viven en Japón todavía sufren terribles discriminaciones y los japoneses en general tenemos muy poco aprecio por el valor de la diversidad.

Los encuentros entre diferentes culturas no son siempre amistosos. La realidad de intereses opuestos y hasta de hostilidad debería ser tomada en cuenta. Entonces, ¿qué se puede hacer para promover las relaciones armoniosas?

El budismo enseña que debemos buscar la armonía en un nivel más profundo. Debemos lograr un nivel de misericordia suficientemente profundo que nos permita encontrar nuestro humanismo natural y trascender nuestras diferencias con los otros. Esto no es una negación del yo individual, más bien es la fusión del yo con otro, una expansión del yo limitado, el cual está comprimido por nuestro ego, hacia un yo expandido cuya escala es tan ilimitada e irrestricta como el universo.

En una ocasión conversé con un hombre afro americano quien me dijo que siempre había estado obsesionado por sus raíces. Él no lograba deshacerse de la idea de que su gente había sido traída a América como esclavos. Esta idea estaba siempre rondando sus pensamientos. Luego, él continuó diciendo: “Estoy seguro de que la gente blanca abriga pensamientos similares acerca de nosotros. Están renuentes a tratar como sus iguales a descendientes de individuos que alguna vez fueron esclavos. Por esa razón, yo despreciaba a los norteamericanos blancos. Era imposible para mí apreciarlos cuando rememoraba cómo nosotros, nuestros padres, nuestros abuelos y nuestros ancestros hemos sido explotados, maltratados y discriminados por el hombre blanco.”

“Desde niño, cada vez que era maltratado o sufría discriminación, me sacaban en cara que yo era negro. Llegué hasta el punto de deplorar la sangre que corría por mis propias venas. Cuando conocí la visión budista de las interconexiones de toda vida, eso colocó todo el tema de las diferencias raciales en la perspectiva correcta. Comprendí que había estado atrapado en enfatizar las diferencias en el color de nuestra piel.”

Tratar de localizar las “raíces” de nuestra identidad en un grupo racial o étnico particular es una ilusión. Es como un espejismo en el desierto. Tal sentido de identidad, lejos de servir como una base común de pertenencia compartida por todos, sólo realza las diferencias entre uno y los otros, y se convierte en una causa fundamental de conflicto y agresión. De hecho, si los miembros de cada grupo se retiran, buscando sólo sus propias raíces y orígenes, la sociedad puede resquebrajarse en mil pedazos, dividiendo un vecino contra otro y ocasionando resultados trágicos.

Lo que se necesita hoy en día es una transformación fundamental de nuestro entendimiento de lo que significa ser humano. No debemos someternos a una nacionalidad o a una etnia. No debemos pensar que somos impotentes. No debemos considerarnos esclavos de nuestros genes. Fundamentalmente, tenemos un inmenso e ilimitado potencial. En esencia, cada ser humano es uno con el universo. ¡Cada individuo posee un inmenso poder y un infinito valor!

Hay mucha gente que ha sufrido heridas terribles, amargas penas y aflicciones como resultado de la discriminación. Mientras las reformas legales y otras reformas pueden ofrecer algo de protección contra este hecho, esto no será suficiente para proporcionar felicidad a la gente, debido a que la causa fundamental es el prejuicio y la predisposición que está profundamente enraizada en los corazones de la gente. A menos que las personas cambien sus sentimientos, la misma discriminación se continuará manifestando en formas aún más despreciables.

Es vital establecer en el corazón de cada persona una nueva y más profunda visión del ser humano, una visión que realce la dignidad inherente y la igualdad de todos los seres humanos. Yo creo que la solución más acertada al problema de la discriminación racial es una Revolución Humana, una reforma interior en las profundidades de la vida de los individuos para transformar el egoísmo que justifica el sometimiento de otros, y reemplaza por una visión llena de misericordia que no ve deferencias entre uno mismo y los otros y se esfuerza por lograr la coexistencia entre toda la gente.

La discriminación es absolutamente maligna. Aquellos cuyas mentes están atrapadas en el engaño perjudican la vida  de los demás, así como la propia.

Una vez un estudiante con una incapacidad física me pidió consejo acerca de cómo enfrentar la discriminación y la intimidación. Mi recomendación fue que él tenía que fortalecerse. Eso también forma parte de la lucha por el reconocimiento del valor de cada individuo único y diferente, la lucha por los derechos humanos.

Lograr que nuestros derechos sean reconocidos por otros no se refiere simplemente a lograr que la gente se comporte favorablemente hacia nosotros. Debemos vivir con dignidad y estar orgullosos de nosotros mismos como individuos, sin importar cuál sea nuestra situación. Aquellos que nos ridiculizan o se burlan de nosotros son crueles y están equivocados por ignorar nuestro derecho a ser tratados como seres humanos. Nunca debemos dejar que sus burlas nos alcancen. El desarrollar nuestra propia fortaleza de carácter es una victoria para los derechos humanos.

Siempre he creído que debemos reconocer las diferencias y, debido a ellas, esforzarnos más aún para llegar a conocernos y comprendernos los unos a los otros como seres humanos. Aquellos que pueden disfrutar las diferencias y descubrir en ellas la belleza más grande y el mayor valor son expertos en la vida.

La Tierra nos nutre a todos. Revitaliza a todo la gente sin distinción. Un vibrante manantial de pura misericordia surge de su suelo, y si podemos encontrar nuestras más profundas raíces en ese manantial que sustente toda la vida, entonces las diferencias superficiales de género y etnia no sólo dejarán de dividirnos, sino que nos enriquecerán a todos.


Revolución Humana

El objeto de la vida es expresar y desarrollar nuestra individualidad tan completamente como sea posible, es la propia realización.

Existen muchos tipos de revoluciones, políticas, económicas, industriales, científicas, artísticas, y más. Pero, sin importar cuánto cambien los factores externos, el mundo nunca mejorará mientras la gente permanezca egoísta y apática. Como dijo John F. Kennedy, en 1963: “Nuestros problemas fueron creados por el hombre, por lo tanto, pueden ser resueltos por el hombre. Y el hombre puede ser tan grande como él quiera.”

Un cambio interno positivo en tan solo una persona es la esencial vuelta de tuerca en el proceso de hacer a la raza humana más fuerte y sabia. Esta “Revolución Humana” es, según creo, la más fundamental y vital de todas las revoluciones. Esta revolución (un proceso interno de auto reforma) es completamente pacífica y libre de derramamientos de sangre. En ella todos ganan y no hay víctimas.

La vida es una lucha con nosotros mismos; es un intenso combate entre avanzar y retroceder, entre la felicidad y la desdicha. Estamos cambiando constantemente, pero el problema real es si estamos cambiando para bien o para mal, si tenemos éxito en engrandecer nuestra estrecha visión centrada en nosotros mismos y asumir una visión más amplia.

Todos los días nos enfrentamos a incontables situaciones en las que tenemos que escoger o tomar decisiones. Tenemos que decidir cuál camino tomar a fin de sentirnos bien con nosotros mismos y convertirnos en mejores individuos de espíritu más generoso. Si nos permitimos a nosotros mismos ser gobernados por la fuerza del hábito, es decir, reaccionar de la misma manera que siempre lo hemos hecho a una determinada situación, seremos arrastrados por el camino del menor esfuerzo y nuestro crecimiento como personas se detendrá.

Pero si tenemos éxito en retarnos en un nivel fundamental, podemos pasar de ser una persona golpeada por el ambiente o por la gente a su alrededor, a alguien que puede influenciar positivamente su entorno. En realidad creamos la forma única de nuestras vidas mediante las infinitas elecciones que hacemos cada día.
La individualidad y el carácter verdaderos nunca llegan a florecer completamente sin un arduo trabajo. Yo siento que es un error pensar que quienes somos actualmente es la representación de todo lo que somos capaces de ser. Si uno pasivamente decide: “Soy una persona callada, de manera que pasaré por la vida calladamente”, nunca podremos desarrollar plenamente nuestro potencial único. Sin necesidad de tener que cambiar nuestro carácter completamente, podemos convertirnos en una persona que, aun siendo básicamente callada, será capaz de decir lo correcto en el momento correcto con verdadera convicción. De la misma forma, una tendencia negativa hacia la impaciencia podría transformarse en una cualidad útil para lograr que las cosas sean hechas rápida y eficientemente.

Pero nada es más inmediato, o más difícil, que el confrontarnos y transformarnos a nosotros mismos. Siempre resulta tentador decidir:  “Este es el tipo de persona que yo soy”. A menos que retemos esta tendencia tempranamente en la vida, se hará más fuerte con la edad. Pero creo que el esfuerzo vale la pena al final, porque nada produce una satisfacción más profunda que retar exitosamente nuestras propias debilidades. Como escribió el autor ruso Tolstoy: “La felicidad suprema es encontrar que somos mejores personas al final del año de lo que éramos al principio.”

La Revolución Humana no es un evento extraordinario, ni divorciado de nuestras vidas diarias. A menudo comienza de una forma pequeña. Tomemos como ejemplo a un hombre que sólo piensa en sí mismo, en su familia y amigos. Entonces, un día, realiza un movimiento para romper este confinamiento estrecho tan sólo un poco, saliéndose del camino para ayudar a un vecino que sufre. Este es el comienzo de su Revolución Humana.

Pero no podemos realizar este proceso solo. Es a través de nuestras interacciones con otros que pulimos nuestras vidas y crecemos como seres humanos. En Japón, las papas montañeras conocidas como taros son rugosas y sucias al cosecharse, pero al ser colocadas en agua y rodarlas unas contra otras, la piel se pela, dejando las papas brillantes y listas para cocinar. La única manera de afilar y pulir nuestro carácter es a través de nuestras interacciones con otros.

Al realizar acciones por los demás y comprometernos positivamente con ellos, nos volvemos personas más disciplinadas y mejores. Pero esto no significa hacer que otros sean felices mientras nos ignoramos a nosotros mismos o a nuestra propia felicidad. La felicidad que creamos como individuos, y los fuertes lazos que creamos unos con otros, generan la felicidad de toda la humanidad.

Transformar nuestras vidas en el nivel más fundamental es la clave para cambiar la sociedad. Un cambio profundo en la perspectiva con que vemos las cosas, o sea en la realidad interior de nuestras vidas, produce cambios en las funciones externas de nuestra vida, en otras personas y en nuestra comunidad.
Creo firmemente que una gran Revolución Humana en tan solo un individuo puede ayudar a lograr un cambio en el destino de una nación y permitir un cambio en toda la humanidad.

La vida de Mahatma Ghandi ilustra este punto. Siendo niño era dolorosamente tímido. Siempre estaba preocupado porque la gente lo iba a ridiculizar. Aún después de aprobar sus exámenes como abogado seguía siendo tímido. Cuando se levantó para presentar sus argumentos de apertura en su primer caso en tribunales, su mente se puso en blanco por los nervios y tuvo que abandonar el tribunal.

Pero un cambio importante ocurrió mientras se encontraba en Sudáfrica, donde los hindúes residentes enfrentaban una severa discriminación. Gandhi iba viajando en un vagón de primera clase en un tren, cuando se le ordenó moverse al vagón de carga. Él se rehusó, y eventualmente fue forzado a salir del tren. En la sección de espera en la estación, Gandhi permaneció despierto toda la noche, debatiéndose entre regresar a la India o soportar las dificultades que acarrearía el asumir una posición y luchar por los derechos humanos. Finalmente comprendió que sería cobardía huir de sus temores y desechar a la gente que estaba siendo discriminada como él lo había sido.

A partir de ese momento, Gandhi se enfrentó de lleno con su naturaleza tímida y la retó, determinado a vencer la injusticia. Su cambio interno fue la chispa originadora de uno de los más grandes desarrollos del siglo veinte: el movimiento para el cambio social por medio de la no-violencia.

Cada persona individualmente posee un gran potencial que permanece en gran medida intacto. Por medio del arduo trabajo que es realizar nuestra Revolución Humana, este potencial puede ser revelado y podemos establecer un sentido del yo independiente e inconquistable. Podemos lidiar creativamente con cualquier situación que la vida nos pueda ofrecer. Este proceso abierto nos permite mantenernos creciendo y desarrollándonos a lo largo de nuestras vidas, y más allá. Nunca encontraremos un punto muerto en nuestro viaje eterno de auto realización.


El reto de la juventud

Traten de ser tan activos como sea posible. Sólo por ser jóvenes, ustedes poseen un tesoro más valioso que el poder o la fama.

La juventud es una época de rápido cambio, de día a día y de momento a momento. También puede ser una época de confusión. Quizás se sientan como si estuvieran solos en medio de un desierto o campo de batalla. Quizás piensen a veces que no pueden creer en persona alguna, que nadie los ama o incluso que no tienen razón para vivir.

Probablemente las notas en la escuela o universidad no sean sus únicas preocupaciones. Quizás tengan problemas en su hogar, con el dinero o la salud, lo que sienten sobre su apariencia, los miembros del sexo opuesto o los amigos. Quizás se sientan confiados y optimistas en un momento, para verse abrumados por la inseguridad, frustración o apatía en el siguiente.

Quizás se hagan preguntas fundamentales sobre ustedes mismos, su identidad: ¿Quién soy? ¿Qué debería hacer con mi vida? Es muy natural sentirse inseguro sobre la mejor manera de proceder. Si no han decidido el camino que seguirán en el futuro, concentren sus energías en lo que necesitan hacer ahora mismo y gradualmente su potencial se manifestará.

Lo más importante es no rendirse cuando son jóvenes, entregándose a la negatividad o al cinismo. No se comparen con otros. Sean fieles a lo que son y traten de apreciar y sentirse satisfechos con su propia e irremplazable vida. Aunque a veces se rían de ustedes, sigan avanzando y nunca se dejen vencer.

Fijarse metas es una buena idea. Aunque tengan la tendencia a perseverar en algo sólo por dos o tres días, sigan renovando su determinación. Cuando estén estudiando y piensen: “Ya no puedo seguir; quiero salir”, pueden optar por retarse a ustedes mismos a continuar, aunque sea sólo por otros cinco minutos. Las personas que puedan perseverar aunque sea sólo por este breve tiempo lograrán grandes cosas en la vida.

La juventud es la época para construir los cimientos de su vida. Ustedes no pueden construir un edificio alto sin hacer primero que los cimientos sean sólidos o seguros. De la misma manera, si descuidan sus estudios o rehuyen el trabajo duro mientras son jóvenes, no podrán construir un gran futuro.

Una vida tranquila y fácil, en la que todo salga como ustedes quieren, puede parecer grandiosa, pero ustedes no podrán desarrollar su carácter si todo sale siempre de acuerdo con sus planes. Quizás podrían incluso convertirse en unos jóvenes malcriados, incapaces de pensar en los demás e inútiles cuando las cosas se ponen difíciles.

Si sus padres son pobres, les falta educación o siempre están peleando, traten de no pensar que son desdichados. Esta es una situación verdaderamente humana, que les ayudará a desarrollarse como personas. Puede que sientan que hubiera sido mejor nacer en una familia rica o próspera. Pero a menudo las personas que crecen en un mundo como éste actúan como autómatas bien educados, atados por la formalidad, la tradición y las apariencias, carentes de una calidez y espontaneidad genuinas.

No existe tal cosa como una vida fácil. Por lo tanto, háganse un favor a ustedes mismos asumiendo retos difíciles, forjándose y fortaleciéndose en su juventud, mientras estén sanos y sean fuertes. Vean todas las dificultades como el material que les permitirá desarrollar un gran corazón y convertirse en personas profundas y sólidas.

Traten de ser tan activos como sea posible. Sólo por ser jóvenes, ustedes poseen un tesoro más valioso que el poder y la fama. Ser joven es tener esperanza, pasión y libertad. Toda su vida yace ante ustedes, rebosante de posibilidades.

En lugar de una vida de páginas en blanco, es mejor vivir una vida llena de recuerdos de luchas y experiencias maravillosamente variadas. No hacer olas, no dejar historia alguna sino sólo envejecer y morir, es una manera triste de vivir.

¡No esperen!  Ustedes pueden convertirse en los principales actores del drama humano que se desenvuelve a su alrededor, los formadores de la historia. Aunque se sientan impotentes, aunque sientan que les cuesta creer en ustedes, por favor traten de no inclinarse fácilmente ante las opiniones de los demás y sigan siendo fieles a lo que saben que es correcto. Traten de creer en ustedes mismos.

Espero que desarrollen agudos poderes de percepción y señalen luego el camino para abrirse paso a través de la apatía y el estancamiento de la sociedad que los rodea. Hay tanta gente complaciente, que piensa: “Con todas estas personas, seguramente alguien hará algo”. Estas personas cobardes rehuyen los problemas, dando por sentado que de alguna manera todo saldrá bien al final.

Por favor reten las injusticias y la corrupción que vean a su alrededor, denuncien y luchen contra cualesquiera abusos del poder y la autoridad que vean. Enfrenten y reten cada situación con toda la fuerza de su carácter. Vivan con honestidad e integridad y produzcan resultados. Fíjense metas elevadas y luchen para lograrlas con todo su ser y toda su alma.

Edward Whymper era un joven alpinista inglés, que se propuso escalar lo imposible de escalar, el Monte Cervino de los Alpes, que nunca había sido escalado. A los veintiún años, Whymper se propuso tener éxito donde nadie lo había tenido antes. Su primer intento fracasó pero no se rindió y año tras año se enfrentó a la montaña. En uno de sus intentos llegó a 430 metros de la cumbre, pero se resbaló y cayó sesenta metros, lesionándose gravemente. En otro momento, un desprendimiento de rocas lo obligó a descender. Siete veces fue derrotado, pero no se rindió. El 14 de julio de 1865, en su octavo intento, a la edad de veinticinco años, finalmente llegó a la cumbre.

Al igual que él, al fijarse una gran meta, ustedes pueden abrirse paso a través de sus limitaciones y lograr un crecimiento increíble.

Todo depende de ustedes. Espero que no dependan de los demás o esperen que ellos hagan algo. Traten de desarrollar un sentido de responsabilidad tan fuerte que les permita enfrentar las tormentas más violentas, proclamando con confianza: “Lo haré. ¡Sólo fíjense en mí!” Por favor enfrenten la realidad, mírenla cara a cara, con coraje, sabiduría y fortaleza, retando todo lo que los espere en el futuro.


El poder de las palabras

Una conversación sincera de vida a vida puede suavizar y derretir hasta corazones congelados.
 
Tengo recuerdos intensos de encuentros con personas cuyas voces y palabras me han conmovido a través de los años. Uno de ellos que me viene en mente sucedió durante la visita a la región de Guilin de China, una bella tierra montañosa, con neblina y ríos.

Caminando, nos encontramos con dos jóvenes muchachas de 15 ó 16 años, vendiendo hierbas medicinales cerca de un río. Ellas llevaban una cesta llena de hierbas e invitaban a los transeúntes con vibrante voz a comprar sus mercancías. "Ni hao (hola)” las llame. "Ni hao" me sonrieron: "Ofrecemos cualquier tipo de medicina. Escojan las que quieran.”

Me sonreí del buen humor de ellas y pregunté: “¿Tiene algo para ponerme más inteligente?” Se quedaron sorprendidas, pero sólo por un instante: “lo siento, acabamos de vender el último.”

Nuestro grupo estalló en risas a esa ingeniosa respuesta y sentimos calidez como si una suave brisa primaveral nos hubiera rozado. Como dice un proverbio chino: “Aun una simple palabra dicha desde la bondad puede entibiar el corazón en el peor invierno".

Recuerdo con cariño que mi esposa y yo terminamos comprando hierbas como recuerdo y a veces me pregunto cómo estarán estas muchachas y sus familias. Creo que el diálogo sincero de vida a vida puede suavizar y derretir hasta los corazones congelados. Hablar  con alguien cara a cara puede cambiar la vida de esa persona y la vida de uno mismo.

Hoy en día vivimos en medio de un diluvio de información desalmada. Mientras más nos apoyamos en una comunicación unidireccional, como lo es la radio o la TV o la comunicación escrita, más siento la necesidad de insistir en el valor del sonido de la voz humana. La simple, pero preciosa interacción de voz a voz, persona a persona; el intercambio de vida a vida. Admiro a personas como el gobernador Frivaldo de la provincia de Sorsogon. Me dijo que a menudo se encontraba con su gente de igual a     igual. Comparado con  la facilidad de presentarse con una imagen artificialmente pulida, hacer este ejercicio puede parecer tedioso. Pero a través de sus pacientes esfuerzos, entiendo que el Sr. Frivaldo haya podido ganarse un verdadero respaldo y confianza.

En una conversación cara a cara, el oyente puede formular preguntas o estar en desacuerdo con su interlocutor y esto puede provocar en él que a su vez se ponga a reflexionar sobre sus propios puntos de vista. El proceso es dinámico y multifacético, creando goce mutuo y entendimiento.

Por mi parte, me encanta hablar con todo tipo de gente de todas partes del mundo. Siempre aprendo algo nuevo y  encuentro estimulante estar expuesto a diferentes maneras de pensar. Esta es una forma de nutrirse espiritualmente.

Mi experiencia ha sido que no importa cuán fuerte puede ser la incertidumbre inicial o la hostilidad que otra persona pueda sentir hacia uno, si se acerca a ella con completa sinceridad y le dice la verdad, ésta le responderá invariablemente de la misma manera.

Recuerdo haber sostenido un diálogo con representantes del Islam. Unos amigos trataron de convencerme que sería muy difícil pero sentí que no podíamos tener tales prejuicios. Nunca se sabe lo que se puede lograr antes de haber probado. Sugerí que el diálogo no tenía porque ser sobre la doctrina religiosa. Podríamos empezar hablando de los problemas que todos tenemos como seres humanos, enfocados hacía la cultura y la educación. También podríamos hablar del deseo de paz, algo compartido por la gente en todo el mundo.

Una conversación cara a cara puede parecer muy sencilla, pero en realidad es la más poderosa herramienta que tenemos para generar cambios positivos. Podemos intercambiar ideas en un nivel muy humano y personal con una base de respeto y fe en la bondad esencial del otro.

 

Todos somos iguales y no hay nadie superior o inferior.

El escritor francés Montaigne amaba el diálogo y siempre tenía una mente abierta. Él decía: “Ningún planteamiento me sorprende, ninguna creencia me ofende, no importa cuán opuesta pueda ser a la mía.” Para él, el diálogo significaba la búsqueda de la verdad, encontrarla y abrazarla sin importar de quien viniera. Como tenemos dos oídos y una sola boca, quizás deberíamos escuchar dos veces más de lo que hablamos. Ciertamente si somos rígidos o prejuiciados nadie se acercará a nosotros con corazón abierto.

A veces nuestros intentos para empezar  un diálogo pueden ser menospreciados o ignorados. bebemos recordar que el rechazo y las decepciones son inevitables en la vida y seguir intentándolo. Mantener un diálogo requiere de mucha paciencia y perseverancia. Necesitamos desarrollar un fuerte sentido del yo que nos permita ver claramente las emociones de la otra persona y acercarnos con calma pero progresivamente a sus corazones.

El obstáculo más grande para un  diálogo exitoso es generalmente el excesivo apego al propio punto de vista. Por ejemplo, un desacuerdo entre un padre y su hijo no puede ser solucionado mientras el padre ve las cosas como padre y el hijo como el hijo.

Dentro de un diálogo genuino es mejor si podemos ver cualquier tipo de confrontación como otra forma de conectarnos. Si padre e hijo pueden verse a sí mismos compartiendo un fin común, -lograr una familia unida- las cosas pueden cambiar sorpresivamente hacia lo mejor. Mientras más elevado sea el sentimiento que nos une, más podremos abrazar a los que difieren de nosotros y asegurar ese diálogo nos llevará hacia una salida fructífera

Tanto si el problema viene de una sola familia o de una escala internacional, si los que están involucrados pueden ver las cosas desde una perspectiva elevada, con un propósito común, los engranajes del diálogo se dirigirán hacia una dirección positiva.

Si más gente se dedicara a un diálogo de una manera definitivamente abierta, estoy seguro de que los inevitables conflictos de la vida humana conseguirían una solución más fácilmente. Los prejuicios dejarían camino al entendimiento y la guerra a la paz. El diálogo genuino resultará en la transformación de puntos de vista opuestos, transformando las brechas que separan a la gente en puentes que las unen.


Reflexiones sobre la paz

No importa qué justificaciones se planteen, desde mi punto de vista, es absolutamente imposible algo como una guerra justa y correcta.

Algunas personas que han visto guerras en películas o en la televisión se pueden haber impresionado por éstas sintiendo que eran atractivas y que los actores tenían glamour y parecían valientes.

La realidad de la guerra, sin embargo, es completamente diferente. Es cruel y sucia y llena de tristeza y miseria. Cualquier persona que haya vivido una guerra sabe que jamás debe repetirse. Yo presencié más que suficiente el horror de la guerra cuando era joven, vivía bajo los ataques aéreos en los cuales los explosivos y bombas incendiarias llovían. Vagando en un mar de fuego, angustiado al extremo por mi familia, sintiendo una terrible tristeza e impotencia, veía a las personas morir a mí alrededor.

No importa qué justificaciones se planteen, desde mi punto de vista, es absolutamente imposible algo como una guerra justa y correcta.

La guerra trata a los seres humanos como medios para un fin y sólo produce sufrimiento y calamidad a las personas comunes, a las familias y a las madres. Cada persona que ha muerto en una guerra era un ser irremplazable e invalorable, el padre, el hijo o el amigo de alguien. Por eso debemos siempre oponernos a la guerra. Todas las rivalidades y conflictos deben ser resueltos con sabiduría y diálogo sostenido y no mediante el poder.

Es una tentación creer que las guerras las comienzan los estados o una alianza entre países. Sin embargo, de hecho, las guerras comienzan gracias a las funciones del corazón humano individual. El budismo enseña que la guerra es el resultado de la ira y el egoísmo A fin de superar la amenaza de la guerra, debemos conquistar y subyugar la naturaleza egoísta que habita en todo corazón humano.

Los desastres naturales como las inundaciones o los terremotos no pueden ser prevenidos mediante la razón o sabiduría humana. Pero los problemas que han sido causados por los seres humanos pueden ser resueltos por ellos mismos.

En su libro No Más Guerra, el dos veces ganador del Premio Nóbel, Linus Pauling, escribió: ”Yo creo que existe un poder en el mundo que es mayor que el poder maléfico de la fuerza militar, o de las bombas nucleares- existe el poder del bien, de la moralidad y del humanismo. Yo creo en el poder del espíritu humano.”

Yo también sostengo que un cambio interno en las profundidades de las vidas de las personas puede transformar el egoísmo y suplantarlo por un humanismo amoroso, que busque la paz y la coexistencia entre toda la gente.

¿Qué es lo que impide que este “poder del bien” tenga un mayor impacto en el mundo?, ¿qué bloquea el paso del progreso hacia la paz? En una sola palabra, es la desconfianza. A menudo éstas tienen raíces en conflictos y rivalidades pasadas. Sin remover este muro de desconfianza, y sin el esfuerzo de descubrir la bondad que brilla en cada ser humano, no será posible progreso alguno hacia la paz.

Cuando viajé por primera vez a la Unión Soviética en los años setenta, la gente se preguntaba que por qué siendo líder de un movimiento religioso yo deseaba visitar un país comunista que no reconocía la religión. Yo respondí: “Debido a que los ciudadanos de la Unión Soviética son personas, seres humanos como yo.” Deseaba de alguna forma crear nuevos caminos, transformar la desconfianza en confianza, el miedo en seguridad, esa conexión malsana con el pasado en un compromiso hacia el futuro. En cada país que he visitado siempre he captado cuán sinceramente la gente anhela la paz.

La primera condición para establecer la paz es que la gente se conozcan unos a los otros, que comiencen a comprenderse y a apreciarse mutuamente. La manera más segura de derretir el “hielo” de la desconfianza es promocionar la interacción entre la gente común, por medio de reuniones, visitas, intercambios educacionales y culturales. La gente joven que no está atrapada en el pasado puede a menudo abrir el camino.

Hace muchos años existía, la tradición entre la gente nativa del Canadá, de llevar a cabo celebraciones cuando una hija llegaba a la edad del desarrollo. Dos hijas de un gran jefe indio habían llegado a la madurez y se preparaba una gran fiesta, pero llegaron noticias de que los enemigos del norte se preparaban para la guerra. Las hijas le plantearon al padre: “! Querido padre! Algún día seremos madres y daremos luz a hijos que crecerán para ser jefes fuertes como tú. Por su bien, por favor, invita a la gente del norte a nuestra celebración.”

El jefe no podía rehusar la petición de sus hijas, de forma que, con reservas, mandó un mensaje a sus enemigos y los invitó. Vinieron en gran número, trajeron a sus esposas y a sus hijos y muchos regalos. Las canciones de guerra se tornaron canciones de regocijo.

Más adelante las dos hijas tuvieron un hijo cada una y se convirtieron en jefes llamados Paz y Amor Fraternal. Cerca de Vancouver hay una montaña hermosa que tiene dos picos y de acuerdo con la leyenda, las dos hermanas que amaban la paz todavía velan por Vancouver hoy en día.

El corazón de aunque sea una sola mujer que ame la paz es fuerte, puede cambiar la sociedad y cambiar la historia.

Es demasiado arriesgado dejar el futuro del mundo en las manos de los políticos. Las personas deben ser sabias y tomar acción en pro de la paz. Debemos unirnos más allá de las fronteras, unirnos en nuestro rechazo a la idea de la guerra misma. Cuando las personas de un país se comunican con aquellos de otros países, pueden crear una corriente hacia la paz. Es vital crear una red de personas que trascienda las fronteras nacionales para que un pequeño grupo de líderes corruptos no puedan romper ese tejido de amistad y solidaridad que nos conecta.

La paz nunca puede ser alcanzada con sólo esperarla. Es necesario que cada uno de nosotros, sin importar cuán débiles creamos que somos, construya en lo profundo de sus corazones un bastión para la paz que resista, y al final silencie, las incesantes llamadas de guerra.

La poetisa chilena Gabriela Mistral escribió lo siguiente: “Tengan coraje, mis amigos, el pacifismo no es un dulce como algunos piensan... Continúen hablando por la paz, contra viento y marea... El pacifismo no es algo fácil. Uno no debe aceptar la injusticia en silencio. Mis amigos, continúen levantando su voz hasta que el círculo de paz se extiende.”

La paz verdadera no se encuentra en las realidades de la vida. Debemos plantar las semillas de una paz fundamental en la vida diaria de los individuos, en nuestros corazones y en nuestra vida interior, y debemos proteger y alimentar esas semillas hasta que crezcan en la firme realidad de la paz para todos.

Por lo tanto, somos nosotros los que debemos construir un mundo sin guerras. Si desistimos de ello, como si fuera una meta imposible o si continuamos retándonos, sin importar las dificultades, es de lo que dependerá el futuro del siglo XXI.